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viernes, 14 de junio de 2013

ARREPENTIMIENTO, PERDÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO.

1.- Sin arrepentimiento no hay perdón de Dios y sin la luz de Dios no hay arrepentimiento. Arrepentirse es hacer un cambio respecto a formas de pensar y actuar previas que son consideradas ideologías erróneas o malas acciones o conductas indebidas. No es un simple remordimiento que no pide perdón ni hace un cambio de vida. En griego arrepentimiento significa “cambio de mente” (metanoeo) que lleva a un cambio radical de vida. El perdonar y el pedir perdón no están entre los objetivos fundamentales de algunas formas actuales de vida que pretenden entender la sociedad humana y la historia, como un campo de confrontación a veces muy violento, entre personas que oprimen a otras más frágiles o sin poder suficiente para oprimir a su vez, como respuesta o reacción fatal. En esta situación no hay perdón ni arrepentimiento. El amor sería ilusorio y el odio o la fuerza es lo que mueve o motiva la vida y los cambios sociales. Esta visión histórica es la negación más radical del cristianismo y pretender vincularla con la fe cristiana, es la falsificación más monstruosa de los valores cristianos. Al contrario, el arrepentimiento hace posible volver a retomar una vida de justicia y fraternidad. Aceptar que nos pidan perdón, perdonar y reconciliarnos con los demás, hace posible la continuidad de la historia humana en su sentido más profundo: construir el Reino de Dios, que es don y que se consumará más allá de la historia. 2.- El arrepentimiento no se queda oculto en la conciencia o en la intimidad más personal, se manifiesta en la vida social. De la misma manera como el mal cometido afecta directamente las relaciones humanas. David, Rey de Israel, abusó de su poder consumando un crimen. Se arrepintió sinceramente, pidió perdón a Dios y fue perdonado, quedaron consecuencias que no anularon este perdón: en su casa se hizo presente la violencia, como lo registra la Escritura. A pesar de esto, su arrepentimiento quedó como un prototipo para todos los tiempos, porque fue realmente perdonado por Dios y se cumplió el sentido mesiánico de su reinado, el plan de salvación se consumó en Jesús, el “hijo de David”, siglos después. 2ª Sam 12, 7-10 “dijo el Profeta Natán al Rey David: “Así dice el Dios de Israel: ´Yo te consagré rey de Israel y te libré de las manos de Saúl, te confié la casa de tu Señor y puse sus mujeres en tus brazos; te di poder sobre Judá e Israel, y si todo esto te parece poco, estoy dispuesto a darte todavía más. ¿Por qué, pues, has despreciado el mandato del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? Mataste a Urías, el hitita, y tomaste a su esposa por mujer. A él lo hiciste morir por la espada de los amonitas. Pues bien, la muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has despreciado, al apoderarte de la esposa de Urías, el hitita, y hacerla tu mujer´”. David, se arrepiente y Dios lo perdona. 2ª Sam 12, 13 “David le dijo a Natán: “¡He pecado contra el Señor!”. Natán le respondió: “El Señor te perdona tu pecado. No morirás”. El arrepentimiento y el perdón de Dios, ambos dones asumidos libremente por el creyente que pide ser perdonado, se hacen concretos en la realidad temporal donde vivimos todos los días. Son realidades históricas y trascendentes a la vez. 3.- El perdón de Dios, cambia la vida, transforma el diario vivir. Reconocer el mal que nos oprime y del cual somos responsables y creer en la salvación de Jesucristo, que nos purifica y transforma nuestro ser personal, no es un hecho intimista. Tampoco podría ser un cumplimiento de normas o rituales, que nos permitieran salvarnos por nosotros mismos. La ley de moisés o cualquier otra ley o técnica esotérica no salvan a nadie ni trasforman radicalmente a un hombre o mujer. Gál 2, 16. “Sabemos que el hombre no llega a ser justo por cumplir la ley, sino por creer en Jesucristo. Por eso también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo y no por cumplir la ley. Porque nadie queda justificado por el cumplimiento de la ley”. Es Cristo, el único salvador del mundo. Salvador que no se impone a nadie, libremente se acepta y se ama y se tiene como centro transformador de la vida. Él vive en cada creyente, y hace posible la transformación del mundo. Esto no es alegórico, es real. Cristo, nos salva en medio del mundo y lo transforma. La forma de ser de un cristiano repercute en la sociedad civil, en el mundo, porque en su vida se manifiesta Cristo, salvador del mundo. Gál 2, 19-21 “Por la ley estoy muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo. Vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Pues mi vida en este mundo la vivo en la fe que tengo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Así no vuelvo inútil la gracia de Dios, pues si uno pudiera ser justificado por cumplir la ley, Cristo habría muerto en vano”. 4.- Sin el arrepentimiento y el perdón salvador de Dios, nuestras vidas perderían el sentido cotidiano y final. La fe, esperanza, amor, bondad, gozo, etc. el mismo arrepentimiento y don de perdonar y ser perdonados, son más concretos de lo que cierto espiritualismo seudo-cristiano intenta hacer creer. Si resulta evidente que en el fondo de la visa social, política, económica, cultural, etc. se da un conflicto de intereses, egoísmo, falta de amor, etc. La reconciliación fruto del perdonar y ser perdonado, del arrepentimiento en definitiva, son siempre necesarios para hacer posible la solidaridad, los derechos humanos, el respeto en todas sus formas, la democracia, la justicia, la vida de Iglesia, de comunidad, etc. 5.- En Lc 7, 36 – 8, 3 una mujer que necesitaba ser perdonada, rompe las costumbres establecidas y Jesús que también las rompe o sobrepasa encontrando lo esencialmente humano, le dice que sus pecados fueron perdonados. Le explica al fariseo Simón, que había sido perdonada por lo mucho que había amado. Luego le dice a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”. Esta paz, fruto del perdón y el arrepentimiento es un germen de un nuevo mundo según la voluntad de Dios. Es la reconciliación el fundamento de una nueva convivencia fraternal, no cambiarse al lugar del opresor y no superar los mecanismos de dominación y explotación. La dominación de los ex-oprimidos es tan nefasta e inhumana como cualquier otra opresión, porque se nutre del odio, violencia y no del mutuo perdón y arrepentimiento que nos hace a todos responsables y necesitados del perdón salvador de Dios. 6.- Cantemos con el Salmo 31. Perdona, Señor, nuestros pecados. “Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y su pecado. Dichoso aquel en el que Dios no encuentra ni delito ni engaño. Ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado. Te confesé, Señor, mi gran delito y tú me has perdonado. Por eso, en el momento de la angustia, que todo fiel te invoque, y no lo alcanzarán las grandes aguas, aunque éstas se desborden. Alégrense con el Señor y regocíjense los justos todos, y todos los hombres de corazón sincero canten de gozo”. Para transformar al mundo, necesitamos perdonarnos mutuamente y ser perdonados por Dios. De la violencia, odio, falta de perdón y venganza, nacen nuevas opresiones, que no son frutos de un cristianismo auténtico. Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

viernes, 7 de junio de 2013

LA SANACIÓN DE JESUCRISTO.

LA SANACIÓN DE JESUCRISTO. 1.- Lo que la cultura judía, donde Jesucristo nació, vivió y anunció el Reino de Dios, entendía por enfermedad, curación o sanación, no es equivalente a lo que hoy la ciencia médica moderna define como enfermedad o curación o salud. Se pensaba que la enfermedad era consecuencia del pecado o de la acción del demonio o espíritus del mal. Esto tenía consecuencias sociales y religiosas, de hecho hacía de un enfermo una persona marginada de la sociedad civil-religiosa de la época. La misma persona enferma se sentía maldita o castigada por Dios. En este contexto hay que entender el ministerio de sanación de Jesucristo. En Mt 11,2-6 y Lc 7,18-23 se presentan las curaciones de Jesús como signos de su mesianidad. El mismo Jesús se refirió a sí mismo dos veces utilizando la imagen del médico (Mc 2,17; Lc 4,23). Se puede afirmar que la salvación de Cristo asume todo lo que oprime al ser humano. De lo contrario no sería el verdadero y único salvador del mundo. 2.- La antropología bíblica no es dualista como la griega y no se reduce a un espiritualismo que desprecia lo material. Esto hay que tenerlo asumido para no leer algunos textos bíblicos con un filtro dualista que está en el fondo de ciertas lecturas erróneas de la biblia que hablan de lo espiritual como una negación de lo terrenal o sensible o estructurado culturalmente. Esto significa que Dios tiene que ver con la realidad corporal y no solo espiritual del ser humano. Esta concepción de un Dios sanador y restaurador del hombre total está en la biblia. En el nuevo mundo de Dios, toda la creación será perfeccionada, no solo el alma humana. La resurrección es del cuerpo humano para unirse a un alma vivificada por la vida divina. Inmortalidad y resurrección terminan fusionándose en el nuevo testamento. La sanación de Jesucristo es del cuerpo y del alma y sobre todo es una reincorporación a la sociedad fraternal de los “sanados integralmente”: la Iglesia. 3.- Jesús fue un sanador popular al estilo de Elías, y se entendió a sí mismo como mediador de la sanación que viene de Dios. En 1ª Re 17, 17-24 se describe con mucho detalle el ministerio de sanación divina de Elías. La muerte, resultado final de una enfermedad grave, es superada por el poder misericordioso de Dios. Solamente Dios resucita a un muerto. Hemos puesto en la penumbra este aspecto salvífico-sanador de Dios. Cristo aparece en algunas visiones deformadas de su persona, como un maestro parecido a Buda o un sabio cualquiera. O un revolucionario atrapado en una ideología de emancipación socio-política. Cristo asume todo esto, pero es mucho más, porque tiene que salvar a todo el hombre, no solo su periferia. La muerte no está sobre el poder de Cristo. La muerte es el límite de toda liberación temporal. Solamente el Resucitado puede incorporar las legítimas liberaciones realizadas en la historia, en la salvación eterna y final, de la nueva humanidad restaurada en Cristo, superando el límite de la muerte 4.- En Lc 7, 11-17, Jesús, resucita al hijo de una viuda. Desde nuestra mentalidad podemos hacernos estas preguntas ¿por qué no la consoló recordándole las palabras de los Profetas y así dejarla tranquila y resignada? La muerte es natural y hay que aceptar esta realidad dramática e inevitable. ¿Por qué no le dijo que se resignara y esperara el día de la resurrección, según la creencia judía? Cristo, es el salvador. El es la vida eterna en ese mismo momento. Sana y libera de la muerte. El joven resucitado volverá a morir, pero la muerte fue vencida y la resurrección está vinculada a la inmortalidad vivificada por Cristo, único salvador. Cristo supera una muerte alejada de Dios, en espera del salvador prometido. En este sentido podemos entender, la purificación o sanación más allá de la muerte, como un fruto de la acción redentora de Cristo. No es un lugar de purificación, es el mismo amor de Dios el que sana las heridas que quedan del pecado, después de la conversión y cambio de vida. En este mismo sentido la santificación de la gracia, es una sanación definitiva. 5.- “Las sanaciones de Jesús muestran su cercanía a los marginados. Los enfermos, y por causa de ellos sus familias, tenían que soportar una situación de sospecha y marginación. La idea que entonces se tenía de la enfermedad acentuaba esta condición social de marginación (recordemos p.e. la situación de los padres en el relato de la curación del ciego de nacimiento de Jn 9). El hecho de que Jesús se acerque a ellos y se deje tocar por ellos, o de que los cure de formas poco ortodoxas, era un atentado contra las normas de pureza que gobernaban la sociedad palestina del siglo primero. Jesús no tuvo inconveniente en transgredir estas normas, pues sólo así podía acercarse a los que estaban en situaciones más marginales. Finalmente, sus curaciones son un signo de que el Reinado de Dios está empezando a llegar. Los profetas habían anunciado que la curación de los cojos, ciegos, sordos, etc. sería el signo de que se cumplían las promesas de Dios. Jesús se refiere a esta profecía para explicar sus curaciones (Mt 11,2-5 = Is 35,5-6)”. 6.- En Gal 1, 11-19 el apóstol Pablo insiste en el carácter divino de su conversión y apostolado. Llama la atención la relación que Pablo tiene con Pedro, estuvo 15 días con él. Lo carismático auténtico siempre se armoniza con lo jerárquico de la Iglesia. Lo jerárquico es una autoridad espiritual que no se fundamenta en la opresión. Sería contradictorio con la naturaleza fraternal de la Iglesia. No sería una Iglesia sanadora o liberadora, signo sacramental universal de salvación. Los signos de sanación están siempre presentes en la vida cristiana. Pedro, realizó sanaciones por el poder de Cristo. Lo mismo los demás apóstoles. Anunciar a Cristo está vinculado a los signos mesiánicos de sanación y liberación de malos espíritus. Esto es posible por estar unidos a Jesús resucitado. Lo que se dice del Evangelio, se dice de los signos que se manifiestan en su propagación. Es la Iglesia, magisterio y fieles, la que debe discernir la autenticidad de una sanación por el poder de Cristo. Es decir, en el orden espiritual o religioso hay “sanaciones y sanaciones” y es necesario saber discernirlas. 7.- Cantemos con el Salmo 29 la presencia salvadora, sanadora, de Dios. Te alabaré, Señor, eternamente. “Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte. Alaben al Señor los que lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y y su bondad dura toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; y en la mañana, el júbilo. Escúchame Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente”. Cristo sana hoy, lo más esencial de nuestro ser marcado por la muerte y nos incorpora a su Cuerpo místico y eterno. La sanación definitiva es la que nos da la vida eterna, por los méritos de Cristo. La Iglesia sanadora, asume el dolor y enfermedad, principalmente en el sacramento de la Unción de los Enfermos, los otros sacramentos y en las obras de solidaridad y servicio. Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

lunes, 3 de junio de 2013

LA VISIÓN CRÍTICA DEL PADRE FELIPE BERRÍOS SOBRE EL MOMENTO QUE VIVE LA IGLESIA CHILENA.

Se puede estar completamente o parcialmente de acuerdo o en total desacuerdo con Felipe Berrios, pero quedar indiferente frente a lo que dice este sacerdote jesuita, no parece ser posible a juzgar por las múltiples reacciones que han provocado sus palabras. Algunos usarán sus declaraciones para seguir fomentando sus ataques a la Iglesia, otros dirán que hizo una caricatura de la Iglesia, incluso pedirán perdón por sus generalizaciones y los que desde su parcialidad política siempre han criticado la Teología de la liberación, volverán con oportunismo a promover su crítica. Otros sacarán agua para sus “molinos políticos y sectarios”; pero la gente humilde, los pobres y los que han vivido la discriminación a la que él se refiere, seguramente tienen otra opinión, porque tienen otra experiencia. Para mí Felipe Berrios es una voz profética que incomoda como toda voz profética. Parece necesario leer lo esencial de las declaraciones de Berrios y hacer un discernimiento ético sobre la realidad que él observa y con honestidad y un buen razonamiento, resolver en conciencia en que se está de acuerdo o no y porque. Personalmente, concuerdo mucho con el Padre Berrios, porque he vivido y vivo o conozco situaciones concretas que él describe muy bien. Me parece evidente que en la Iglesia se da un secretismo que es contraproducente. A veces hay poca diligencia frente a abusos que son “secretos a voces”, esto hace perder “autoridad moral” a personas que necesariamente fundan su función en la credibilidad moral y no solo canónica, porque su ministerio no radica en la fuerza. Algunos creen que la Jerarquía de la Iglesia es equivalente a un Regimiento. Hoy no basta ser un “legítimo pastor”, hay que tener un testimonio de caridad y respeto por los fieles. El daño moral que hace un mal sacerdote no se mide por la cantidad de gente que se retira de la Iglesia. Un católico que tiene una experiencia de fe sólida, nunca se apartará de la comunión de los fieles, porque su espiritualidad no depende de lo que otros hagan o no hagan. El daño más grave que hace un mal agente pastoral es “corromper” a personas o formar redes de protección. Esta gente seguirá en la Iglesia, pero será cómplice de diversos abusos. Otros serán presionados a guardar silencio. En relación a esto último, hace unas semanas, escuchamos con mi esposa a una abuela que con mucho dolor nos contaba que su nieto había sido abusado sexualmente por un sacerdote de esta diócesis, hace unos años atrás, tenía unos 15 años. Este adolescente quedó muy mal sicológicamente. Ella lo vio sufrir y llorar. Nosotros no sabíamos nada y al parecer mucha gente lo sabe. Por vergüenza no se atreven a darle publicidad a esta situación. No le tienen confianza a la Jerarquía, piensan que nada se hará. Cuando un sacerdote cobra $ 25.000 o más por bautizar y la gente le dice: no tengo mucho dinero ¿le podría pagar la mitad? y la respuesta es no. Eso es un abuso. Cuando un sacerdote llega a una casa y se emborracha con un “amigo muy amigo” y la señora de este le pide que no siga bebiendo, que es tarde y el aludido, totalmente ebrio, le dice que no y lo tiene que expulsar con insultos y por esto pelea con su esposo, que quiere seguir tomando con su invitado, esto es corromper (en el sentido religioso y moral). Cuando un grupo de campesinos católicos pobres, le pide una audiencia a una autoridad eclesiástica para denunciar lo que ellos ven como algo muy negativo y esta autoridad por ser poco ilustrados los trata con cierto desprecio que ellos notan y no los escucha con respeto, esto es un abuso y el resultado es un daño para esta gente sencilla que quedará marcada de por vida con una mala impresión. Estos no son ejemplos. Son casos concretos. Si no se supera el secretismo y sobre todo el autoritarismo en la Iglesia, estos casos tendrán en el tiempo efectos demoledores. El Papa Francisco no concuerda con la opinión de algunos que supuestamente se preocupan por la “imagen de la institución” y así justifican el secretismo. El Papa Francisco es rotundo en afirmar que a los sacerdotes que abusan de menores: en estos casos, hay que quitar las licencias, no permitir ejercer más el sacerdocio al culpable, e iniciar un juicio canónico en el tribunal diocesano correspondiente. Dice: “Para mí, ésa es la actitud a tomar, no creo en las posiciones que plantean sostener cierto espíritu corporativo para evitar dañar la imagen de la institución. Esa solución creo que se propuso alguna vez en los Estados Unidos: cambiar a los curas de parroquia. Eso es una estupidez porque, de esa manera, el cura se lleva el problema en la mochila. La reacción corporativa lleva a tal consecuencia, por eso no estoy acuerdo con esas salidas”, Esto lo dijo cuando era el cardenal Bergoglio. El ex capellán de Un Techo para Chile, cargo que dejó en 2010, mantiene hoy un taller de carpintería en que intenta enseñar ese oficio a los pobres en la República Democrática del Congo, y en un cruce a Ruanda para renovar su visa de residencia fue entrevistado por Juan Manuel Astorga para el programa El Informante de TVN. En el diálogo explicó su partida de Chile, su visión de la Iglesia Católica en su relación con los pobres y con la elite más pudiente, el rol de los jóvenes en la actualidad política, las dificultades que teme en el pontificado de Francisco. Aquí, segmentos seleccionados de la entrevista: ¿POR QUÉ TE FUISTE DE CHILE? “Yo creo que la Iglesia ha caído en un lenguaje hace tiempo de secretismo, de verdades a medias y la gente se ha acostumbrado a estar leyendo entre líneas, y estar viendo complots y cosas así. Eso yo creo que ha perjudicado a que no crean que me vine porque yo creo que la situación que vivía la misma iglesia hace que tengamos que volver a sus fuentes, y volver a las fuentes es volver al servicio, estar junto a los más pobres, los desamparados, a cargar las pilas. Eso es lo que me trajo a venir acá, lo más genuino de un jesuita es la misión, que puede hacerse en Chile también, pero yo quería estar acá que son los más abandonados del planeta”. En un momento de la conversación, Berríos le pide a Astorga que nombre a 7 obispos de Chile. De inmediato responde que no puede hacerlo porque nadie los conoce: “No son líderes”. Más adelante apuntó: “Estos obispos son gente buena que no ha hecho nada malo, pero tampoco han hecho nada bueno. No son capaces de jugársela por los que sufren, por los pobres, haber detectado la desigualdad en Chile y haberla dicho, salvo en la última conferencia episcopal que hablaron del tema; más bien son católicos de los católicos y eso también lo percibimos los curas que no tenemos un pastor donde podemos jugarnos y ser críticos. (Yo) bendigo el anillo a una persona casada por segunda vez y al día siguiente tengo un llamado del arzobispo de Roma, pero si se bendice una sucursal bancaria que está chupándole la sangre a los chilenos no decimos nada, eso le resta credibilidad y jerarquía a la Iglesia”. “Hay grupos dentro de la iglesia que le han hecho daño tremendo a la elite chilena que ha hecho que se preocupe de unos ritos sin contenido buscando una salvación que Dios se la da gratuita, pero que quieren comprarla con buenas acciones, pero cuando tocan sus intereses económicos dejan de ser buenas acciones. Los culpables son los que les han enseñado un Dios que no le cuestiona eso”. “Si la Iglesia pudiese sacudirse de toda esa pompa y pudiera predicar el evangelio con gestos concretos, tendría mucho que decir. Pero los líderes eclesiásticos en Chile y en el extranjero que tenemos, han sido creados con eso de no quebrar ningún huevo, entonces no harán nunca tortillas”. DISCRIMINACIÓN EN COLEGIOS CATÓLICOS “Los colegios católicos no debieran ser excluyentes, deben ser abiertos a todos, a niños sin dinero, con papás separados o a quienes tengan otra creencia”. “Se ha puesto el acento en defender la libertad de la educación, pero no se ha puesto el acento en la liberad de poner a mi hijo donde yo quiera, eso hoy no es así”. “La Iglesia discrimina y la prueba de la blancura es, como lo dijo el Papa, que la iglesia debe ser de los pobres, y no lo está siendo, los pobres son visita, son motivo de caridad”. LOS JÓVENES. “(A los jóvenes) les hemos mostrado un Dios tan, por usar un término juvenil, tan rasca, insípido, un Dios que es más bien una moralina, que hace que los chiquillos prescindan de Dios, que no sea tema para ellos (…), pero cuando un chiquillo anda buscando la igualdad anda buscando a Dios”. “Los jóvenes están hechos para gastarse, para dar la vida, a soñar por sus ideales, pero hacemos que sean planificados, los llenamos de miedo, están todos endeudados, les hemos limado las garras (…) Me gustaría decirle a los jóvenes que no se metan en la maquinaria del consumo desenfrenado”. “El joven quiere cambios, no tienen los traumas nuestros y por eso estoy contento que Giorgio (Jackson) y Camila (Vallejo) se metan en política y creo que esta fuerza de cambio hay que transformarla en movimientos políticos para que sean reales los cambios”. LOS LIDERAZGOS Y EL COMPROMISO CON LOS OTROS: EL CASO DE LAGOS “Se ha ido buscando lo que yo quiero, mi propio interés, mi propia comodidad, y se ha ido perdiendo eso de que puedo hacer yo por los demás. Para mí fue muy interesante lo que pasó en la elección del Presidente (Ricardo) Lagos, en la primera vuelta. Lagos era un candidato que ofrecía un sueño, ofrecía sacrificio, pero casi pierde y en la segunda vuelta dijo, bueno yo ofrezco lo que la gente pide. Eso suena bonito, pero es complicado, porque la gente pide su propio confort, su propia estabilidad y no lo que es mejor para los otros”. EL “DIOS” DEL CONSUMO: EPISODIO EN TVN Berríos fue requerido respecto de que es lo que, a su parecer, creen los chilenos, en qué piensan, a qué se aferran. Respondió con un ejemplo de un diálogo en TVN: “Cuando estaba en Un Techo quisimos hacer una propaganda en la Navidad de una persona que imitaba a San José y a la Virgen y que golpeaban puertas pidiendo alojamiento, lo que tenía que ver con la Navidad, y el director de Televisión Nacional en ese tiempo me dijo que no porque Televisión Nacional era el canal de todos los chilenos y no podía comprometerse con ninguna tendencia política y ningún credo y eso era comprometerse con el credo. Le dije que era ridículo si la Navidad es un feriado justamente porque se celebra el nacimiento de Cristo. No lo pude sacar de eso y nos prohibió hacer ese comercial, pero yo le dije ´bueno saquen entonces al Viejo Pascuero porque el Viejo Pascuero es el Dios del consumo’. Yo creo que la mayoría de la gente está creyendo en el Dios del consumo, y eso produce un vacío enorme, dicen que creen en Jesucristo, pero en el fondo nuestro Dios se ha transformado en el Dios del consumo representado en el Viejo Pascuero”. Fuente: lanacion.cl Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

sábado, 1 de junio de 2013

LA EUCARISTÍA ES UN FRUTO DEL MISTERIO DE CRISTO.

1.- En la Biblia la palabra no se usa para engañar, la verdad está contenida en la palabra. Esto tiene que ser asumido realmente para superar la mentalidad que hoy nos rodea y a veces nos penetra: separar la palabra de la verdad. Hoy se dicen mentiras para vender un producto de consumo. Se le dice a una persona “sueña un mundo hermoso y constrúyelo con tu propio esfuerzo”, es un decir que no pasa de una ilusión alienante y alucinógena. ¿Dónde están esos mundos o mejor dicho a quien sacan realmente de la realidad de este mundo? Es otro engaño de ideologías seudo-místicas y peor, es una forma de ganar dinero utilizando la sed de absoluto del ser humano actual, que acumula una “insatisfacción tras otra insatisfacción”. Cristo conoce el fondo de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Juan 6, 51: “Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este Pan vivirá para siempre”. Cristo, es realmente Pan y es posible comer de este Pan y vivir para siempre. Es la Palabra de Cristo, camino, verdad y vida. No es mera retórica o mero simbolismo lingüístico. 2.- Jesucristo es “Dios que se hizo hombre, no un hombre que se hizo Dios”. Su encarnación es el fundamento de todo su misterio divino-humano. Su Resurrección, Ascensión y presencia mística en medio y dentro de nosotros, sobrepasa la naturaleza y la explicación científica de la realidad. Los argumentos racionalistas que niegan la Presencia real de Cristo en la Eucaristía no pertenecen al mundo Bíblico y al usarlos consecuentemente, terminan por negar la esencia misma del cristianismo. 3.- La Eucaristía tiene un fundamento bíblico muy sólido. En Gn 14, 18-20, hay una referencia sobre el pan y el vino que se ofrecen en la adoración a Dios, antes de la Ley de Moisés. No es ciertamente la Eucaristía, pero sí su figura. Gn. 14, 18-19 “ En aquellos días Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo, y bendijo a Abram, diciendo: "Bendito sea Abram de parte del Dios Altísimo, creador de cielos y tierra”. Cristo, Dios-hombre, es el significado final de este ritual, que es superado por su propio sacrificio en la cruz, donde ofrece su cuerpo y sangre para la salvación del mundo. En 1ªCor 11, 23-26, San Pablo, relaciona la Eucaristía con la Cruz de Cristo. Habla de una transmisión o tradición que viene desde la última cena. Dice: “Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él". Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva”. La muerte del Señor: la cruz de Cristo, su sacrificio para nuestra salvación. 4.- Creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía no es magia, como no es magia la Encarnación o Ascensión del Señor. El misterio de la Eucaristía se encuentra en el mismo misterio de Cristo. En Lc 9, 11-17, se nos narra un hecho de Cristo, que no es accidental a su forma de ser: hace un milagro de amor, porque él mismo es amor. No ama a veces, como sucede entre los seres humanos. Ama siempre. En él no hay pecado. Los apóstoles le dicen a Jesús, que hay una multitud de personas que necesita comer algo y le sugieren que las despida para que vayan a las aldeas, donde puedan encontrar alimentos y alojamiento. Pero, él no las despide. Lc 9, 13-15 “El les contestó: "Denles ustedes de comer". Pero ellos le replicaron: "No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente". Eran como cinco mil varones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta". Así lo hicieron, y todos se sentaron”. Luego dice: Lc 9, 16-17 “Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, para que ellos los distribuyeran entre la gente. Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos”. ¿No puede él mismo ser Pan bajado del cielo como lo dice expresamente? 5.- Cristo es el “Cordero que está de pie, a pesar de haber sido sacrificado” en pleno centro del Trono Celestial. Y es por él y a el que cantan y alaban todos los Ángeles y Santos del Cielo (Ap. 5, 6-14). Este mismo Cristo-cordero es el que está realmente en el Pan y el Vino consagrados, que son el cuerpo y sangre de Cristo en la Eucaristía. En la Misa se manifiesta el misterio de Cristo, que no es un enigma o un arcano esotérico. Cristo venció la muerte y vive en nosotros. “¡Qué sublime humildad: Que el Señor de todo el universo, Dios e Hijo de Dios, se humille así bajo la forma de un trocito de pan para nuestra salvación!”, nos dice San Francisco de Asís. “Reconoced en el Pan de la Eucaristía a Aquél que colgó de la Cruz”, nos dice San Agustín. ¿No podemos ver a Jesús? Cara a cara no lo podemos ver igual como lo vieron los apóstoles. Pero, nos dice San Juan Crisóstomo que sí lo vemos, que lo tocamos. ¡Que hasta lo comemos! “El se da a ti, no sólo para verlo, sino también para ser alimento y nutrición para ti”. La Madre Teresa de Calcuta expresa muy bien la muestra de Amor de Dios que es la Eucaristía: “Cuando vemos el Crucifijo, podemos comprender cuánto nos amó Jesús entonces. Cuando vemos la Sagrada Hostia comprendemos cuándo nos ama Jesús ahora.” Sin la fe teologal y la acción del mismo Cristo en nosotros, confirmada por el Espíritu Santo, no podemos expresar lo que dijeron los santos mencionados. La Eucaristía ilumina toda la profundidad del cristianismo. Es luz en la luz del misterio de Cristo. 6.- Cantemos al sacerdocio eterno de Cristo con el Salmo 109. Tú eres Sacerdote para siempre. “Esto ha dicho el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha; Yo haré de tus contrarios el estrado donde pongas los pies". Extenderá el Señor desde Sión tu cetro poderoso y dominarás al enemigo. Es tuyo el señorío; el día en que naciste en los montes sagrados, te consagró el Señor desde el alba. Juró el Señor y no ha de retractarse: "Tú eres Sacerdote para siempre, como Melquisedec". La Misa no es un simple ritual: es Cristo mismo en medio de nosotros. Celebramos con Cristo lo que hemos vivido y vivimos con él, lo que hemos celebrado. Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

viernes, 24 de mayo de 2013

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO.

1.- Dios no es una energía impersonal interna o externa, que puede ser manipulada por medio de técnicas mentales inspiradas en un ocultismo panteísta. Dios es un ser que ama, que crea, que salva, que sana y esto supone inteligencia y libertad. Una energía impersonal que se confunde con la naturaleza no es libre ni inteligente. Amar sin libertad no es amar, es otra cosa, fatalismo o instinto. Amar es una realidad personal y personalizante. Para el cristianismo católico Dios es un ser “tri-personal”: tres personas en un solo Dios eterno. La Biblia nos revela en forma progresiva esta verdad fundamental que termina de revelarse con la Encarnación de Cristo. Es una doctrina bíblica original. Pretender encontrar fuera de la biblia esta doctrina, es forzar y falsificar otras creencias no- cristianas. En el Antiguo Testamento encontramos un Dios personal que fluye por la vitalidad de la creación, pero no se confunde con el cosmos. No es una energía cósmica. Es un Dios-Sabiduría que la poesía hebrea intenta describir con hermosura vital, sobre todo, su trascendencia y eternidad. Esta sabiduría es coeterna y está en Dios. Dice Prov. 8,22-26: “El Señor me poseía desde el principio, antes que sus obras más antiguas. Quedé establecida desde la eternidad, desde el principio, antes de que la tierra existiera. Antes de que existieran los abismos y antes de que brotaran los manantiales de las aguas, fui concebida. Antes de que las montañas y las colinas quedaran asentadas, nací yo. Cuando aún no había hecho el Señor la tierra ni los campos ni el primer polvo del universo”. Esta “sabiduría divina” es una “personalización” que se manifiesta a los seres humanos. Prov. 8, 30-31: “yo estaba junto a Él como arquitecto de sus obras, yo era su encanto cotidiano; todo el tiempo me recreaba en su presencia, jugando con el orbe de la tierra y mis delicias eran estar con los hijos de los hombres". 2.- Dios se refleja en la creación, sin confundirse con ella. Esto es muy importante para no perder el verdadero sentido de lo divino y de lo humano. Dios es en sí mismo el fundamento de la centralidad del hombre-mujer en el universo. Esta relación Dios-hombre-naturaleza es una comunión de vida. Es una religación salvadora y santificadora que inspira la admiración del amor creyente. Cantemos con el Salmo (8): ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! “Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas, que has creado, me pregunto: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, ese pobre ser humano para que de él te preocupes? Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos y todo lo sometiste bajo sus pies. Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas, todos los animales salvajes, las aves del cielo y los peces del mar, que recorren los caminos de las aguas”. 3.- En Rm 5, 1-5 San Pablo nos dice que la “fe-vivencial” nos une a Dios y la vida humana queda asumida por “la justificación por la fe” que transforma la existencia de los hombres y mujeres creyentes. El unirse a Dios, introduce en la realidad mundana, la acción transformadora del Espíritu divino que “renueva la tierra”, donde se hace concreta la historia de la salvación. El “mundo de la gracia” tiene su realización en medio de nosotros, personas comunes y corrientes, pero que han creído, esperan y aman y amarán más allá de la muerte. Rm 5, 1-2 “Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por El hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la Gracia, en el cual nos encontramos; por El, podemos gloriamos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios”. La gloria de Dios es eterna. Participar en la “Gloria de Dios” es una inmortalidad gloriosa para el cristiano. La Trinidad existe en medio del mundo, sin confundirse con ninguna forma de energía. Dios no tiene como función enfrentarse con el mundo, donde existimos: lo transforma para bien. Nuestra vida necesita ser salvada, liberada y sanada desde su misma raíz. Creer-esperar-amar, implica crecer en valores que transforman desde dentro la realidad mundana donde vivimos. La paciencia de ir cambiando de vida en medio del dolor, no es vana. El cristiano vive la esperanza como una fuerza fundada en el amor. El amor es central en la experiencia religiosa. Esto es un fruto de Espíritu Santo, que viene del Padre y de Jesucristo. Dice en: Rm 5, 3-5 “ Más aún, nos gloriamos hasta de los sufrimientos, pues sabemos que el sufrimiento engendra la paciencia, la paciencia engendra la virtud sólida, la virtud sólida engendra la esperanza y la esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su Amor en nuestros corazones, por medio del Espíritu Santo, que El mismo nos ha dado”. El amor es inmortal y nos une con Dios, porque viene de Dios. 4.- Sin la Encarnación del Hijo de Dios, no habría sido posible la revelación del misterio de la Santísima Trinidad. La Trinidad no es una doctrina construida desde la racionalidad humana. Tampoco se reduce a un dogma teórico. Es una característica esencial del cristianismo. Sin Trinidad no hay cristianismo. Sin el don de la fe no es posible crecer en una “espiritualidad trinitocéntrica”. En Jn 16, 12-15 se nos revela la relación de Cristo con el Padre y con el Espíritu Santo. Dice: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero, cuando venga el Espíritu de verdad, El los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. El me glorificará, porque primero recibirá de Mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes". Es la unidad intra-trinitaria, modelo viviente y eterno de unidad y comunicación entre personas libres y creadoras de todo bien. Un Dios único y comunidad eterna de amor, no produce intolerancia ni un fanatismo religioso. Al contrario, nos enseña a construir un mundo nuevo de fraternidad con un Padre Universal, con un Hijo, que nos hace hijos en este Hijo y nos vivifica en un Espíritu divino, para ser transformados y transformar el mundo en una nueva sociedad armonizada con Dios, la naturaleza y humanidad, donde se hacen posibles todas las utopías solidarias que no fueron excluyentes o genocidas. Estamos llamados a transformar este mundo de injusticia, en un mundo de justicia y amor, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

viernes, 17 de mayo de 2013

EL ESPÍRITU SANTO, EN LA EXPERIENCIA RELIGIOSA.

1.- El cristianismo es imposible sin el Espíritu Santo. No hay “religión verdadera” sin “el soplo del Espíritu de Dios”. En Hech. 2, 1-11, se narra un “hecho religioso” fundamental en la vivencia espiritual de los apóstoles. Experiencia que pertenece a la estructura misma de la fe-esperanza-amor de un cristiano. La fe se manifiesta en el fondo mismo del sujeto creyente, que como persona es un ser social. Los cristianos viven su encuentro con Dios en comunidad. Hech. 2, 1 “El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar”. La fe es intrínsecamente eclesial. Desde la soledad de un monasterio contemplativo, siempre se ora por la Iglesia y la humanidad. La historia humana es un contexto permanente de la vida de fe. La espiritualidad nunca será una evasión. La “religiosidad del Espíritu Santo”, siempre se vive dentro de la situación material de la vida. En Hech. 2, 2 Se describe un fenómeno teofánico que no está fuera del tiempo ni es alucinógeno. Dice: “De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban”. Dios se manifiesta dentro de la sensopercepción humana, eleva al creyente sobre lo sensible, pero no lo saca de la realidad, evitando la alienación seudo-religiosa. 2.- Lo más inefable de lo espiritual, nunca anula la natural vivencia humana. Los dones de Dios, nunca deterioran la sensibilidad de los hombres y mujeres: la asumen. Nunca atropellan la conciencia personal que experimenta la vida divina. Dios habla desde los sentidos elevándolos a su intimidad misteriosa. En Hech. 2, 3 hay un signo sacramental: un fuego que expresaba una realidad que sobrepasaba lo sensible de ese fuego. Dice: “Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos”. El Espíritu Santo, absolutamente espiritual, inmaterial, eterno, divino y que está fuera de los condicionamientos del tiempo-espacio, se hace cercano, tangible y sobre todo, penetra en la realidad personal del creyente y lo dota de una dimensión sobre-natural, que no deshumaniza ni enajena; al contrario, promueve la comunicación humana que personaliza y socializa; desarrollando el amor al prójimo, al Otro, posibilitando la Iglesia-cuerpo místico de Cristo, como sociedad del amor. Sin el Espíritu Santo, no hay Iglesia ni magisterio ni misión evangelizadora ni santificación de los cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad de otros credos o culturas. 3.- En Hech. 2, 4 dice: “se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse”. La religión espiritual es una realidad cultural. El ser humano es encontrado por Dios dentro de una cultura. Un elemento central de toda cultura es el lenguaje, el idioma. El lenguaje encierra de alguna manera, las complejidades de las razas humanas. La diversidad de civilizaciones, formas culturales de sentir y representar la naturaleza, es un tema antropológico universal. Dios respeta esta creación humana. La libertad moral está situada en esta diversidad. Dios se incorpora en la humanidad, se encarna y para hacerlo tiene que nacer, crecer, trabajar, creer, esperar y amar, dentro de una cultura y religiosidad, que no es un sincretismo ni mezcla de creencias con el pretexto de universalidad. Cristo fue un judío que sintió, vivió y murió penetrado por la cultura, sicología y valores judíos. Esta realidad natural-histórica, en la vida de Cristo, llegó a su plenitud: el pueblo de Israel tenía la misión de preparar la venida del mesías, único salvador del mundo. De un particularismo cultural se pasó a un universalismo que sin anular lo particular, lo rescata desde la única luz que ilumina: el Verbo encarnado de Dios, quien nos envía al Espíritu Santo. 4.- La religación cristiana, une al hombre-mujer con Dios, sin sacarlo de su realidad terrenal. Esta realidad, sin ser divina ni parte de Dios, es vivificada por el único creador-salvador del mundo. El Salmo103, le canta a esta presencia espiritual de Dios. “Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya. Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. ¡Qué numerosas son tus obras, Señor! La tierra llena está de tus creaturas. Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu Espíritu, que da vida, y renuevas al aspecto de la tierra. Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas. Ojalá que le agraden mis palabras y yo me alegraré en el Señor”. 5.- En 1Cor 12, 3-7. 12-13, se describe la acción del Espíritu Santo en la comunidad eclesial. La Iglesia es un cuerpo vivificado por el Espíritu divino. La fe no es una ideología, es un don que recibimos del Espíritu. 1Cor 12, 3 dice: “Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo”. Toda la vida eclesial se fundamenta en los dones de Dios. 1Cor 12, 4-7 “Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Cristo es la Iglesia, por sobre lo humano que posee defectos y cualidades. Por sobre los errores humanos, la Iglesia permanece y Cristo está presente en esta comunidad universal. Queda el testimonio de los fieles sinceros que denuncia la infidelidad de los falsos creyentes. Esta fe se vive en la diversidad cultural desde el misterio de la Iglesia-cuerpo místico de Cristo. 1Cor 12, 12-13 “Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu”. 6.- A los apósteles les dice Cristo: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar". Jn 20, 21-23. El perdón no se vive en un mundo aparte, alejado de un hombre-mujer podridos, repercute en la historia humana. El perdón que es divino, en el misterio de la Iglesia-cuerpo místico de Cristo, se hace signo salvífico. El arrepentimiento es un aspecto central de la redención. Sin arrepentimiento no hay salvación. Pero, el ser humano necesita del don divino del arrepentimiento. El Espíritu Santo hace realizable el arrepentimiento y el perdón como proceso interior. Esto supone una claridad de conciencia y una disposición moral para arrepentirse libremente del error cometido y así recibir el perdón de Dios, que justifica un ministerio y sacramento del perdón. Es un hecho radical, que viene de Dios, pero se vive en este mundo, entre los hombres y mujeres. Nosotros mismos necesitamos perdonar y ser perdonados, esto es un don del Espíritu de Dios. Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

viernes, 10 de mayo de 2013

LA ASCENSIÓN DE JESUCRISTO.

1.- La ascensión de Jesucristo, fue un hecho real y necesario para nuestra salvación. Hay una unidad Pasión-Muerte-Resurrección-Ascensión-Pentecostés, que tiene una consistencia salvífica. Los apóstoles vivieron este proceso ente luces y sombras, pero el misterio terminó por ser asimilado por ellos. Jesús acompañó este proceso desde el comienzo. Con su palabra directa los fue preparando. Les dice: “He deseado muchísimo celebrar esta Pascua con ustedes... porque ya no la volveré a celebrar hasta...” (Lc. 22, 15-16). “Me voy y esta palabra los llena de tristeza”. (Jn. 16, 6) “Ahora me toca irme al Padre... pero si me piden algo en mi nombre, yo lo haré”. (Jn. 14, 12-13) “En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no podrá venir a ustedes el Consolador. Pero si me voy, se los enviaré... les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn. 16, 7 y14, 26) En el Libro de los Hechos de los Apóstoles está registrado: “Se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. Un día, les mandó: ‘No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado... Dentro de pocos días serán bautizados con el Espíritu Santo’” (Hch. 1, 3-5). Era la promesa de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. 3.- La ascensión no es un alejamiento de Jesucristo del mundo. El Espíritu Santo podrá “venir”, como consecuencia de esta acción salvífica del Hijo de Dios, a recrear el “proyecto original de Dios Padre”. La ascensión del Señor, hace posible su propia presencia misteriosa y real en nuestras vidas. Cristo ascendió para superar el tiempo y el espacio. Por la ascensión, el cielo está aquí en medio de la vida cotidiana. Lo celestial no se reduce a lo que está arriba o en un lugar lejano. El cielo, como don de Cristo, lo encontramos en la realidad de este mundo; es una experiencia de vida unida a Dios, no una ilusión alienante. 4.- El mundo con sus valores y anti-valores, está bajo el poder de Cristo resucitado y glorificado. Al final de la historia se terminará de vencer el mal para siempre. La cruz asumida y bendecida por Dios, podrá ser pesada y dura, incluso se podrá morir sobre ella, pero, nunca matará la esperanza, fe y amor. Los cristianos auténticos sufren y mueren, pero con Cristo resucitado. El Espíritu Consolador habita en ellos. Lo celestial, como don divino, es asumido desde la realidad temporal. La ascensión es una alegría que fortalece la esperanza de los fieles, es una fiesta de consolación y sanación profundas. El realismo cristiano del dolor y mal presente en el mundo, es también realismo del “bien divino” que transforma, cura, santifica, libera y consuela eficazmente a los que aceptan libremente creer, esperar y amar. “Hay que transformar la tierra en cielo, nuestra realidad cotidiana en una vida plena y alegre. La esperanza cristiana nos hace mirar la tierra para trabajar por su transformación y hacer de la tierra el cielo. Nuestra resurrección ya ha comenzado y también nuestra ascensión. Nos dejamos atraer por el mismo Jesús hacia Él y hacia el Padre, por la misma fuerza que tiene como Resucitado y glorificado”. Licdo Orlando Carmona. “La valoración de las diversas perspectivas resaltadas por la tradición cristiana, especialmente por los padres, ha estimulado a la teología actual a ilustrar el contenido doctrinal de la ascensión en la óptica eclesiológica, antropológica y cósmica. Por lo que se refiere a la perspectiva antropológica, la reflexión teológica actual muestra que la corporeidad del hombre, que tanto se exalta y hasta se idolatra hoy bajo algunos aspectos, mientras que en otros aspectos se la profana y se la vive con tanta superficialidad, recibe de la verdad de fe de la ascensión una poderosa inyección de sentido y de esperanza. y por lo que se refiere a la perspectiva cósmica, indica que la inserción del hombre en el cosmos, que hoy tanto se siente, incluso a nivel de conciencia ecológica, encuentra una motivación profunda en la perspectiva de salvación garantizada y prometida por Dios en la corporeidad humana de Jesús, límite de este mundo”. G.Lammarrone. 5.- La humanidad de Cristo tenía que ser glorificada y su divinidad, hacerse visible a través de su Iglesia-cuerpo místico. Lo santo, como experiencia teofánica, es fascinante, pero no nos saca de la realidad. Siempre el creyente es llamado por Dios a vivir una verdad que transforma la realidad de este mundo. “Y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo”. (Lc. 22,51). Los apóstoles quedaron impactados mirando al cielo. Los dos Ángeles que menciona el texto les dijeron: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al Cielo, volverá como lo han visto alejarse” (Hech. 1,11). La vida de fe se nutre de vivencias abiertas a la trascendencia y no de ideologías sin frutos espirituales. La palabra del Señor escuchada y vivida sacramentalmente: Eucaristía, Reconciliación, etc. fortalece nuestra esperanza y nos hace crecer interiormente. La ascensión de Jesucristo nos permite superar un dualismo cielo-mundo. Un arriba y un abajo míticos. Dios, está en medio de la historia. Podemos ir cambiando el mundo ahora y acercar la escatología. “En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar... Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14,2-3). Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.