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viernes, 13 de enero de 2012

¡JESÚS, ES EL MESÍAS Y NO NOS ANULA COMO PERSONAS, NOS LIBERA Y SALVA PARA SER LIBRES Y FELICES!

¡JESÚS, ES EL MESÍAS Y NO NOS ANULA COMO PERSONAS, NOS LIBERA Y SALVA PARA SER LIBRES Y FELICES!

DOMINGO 2 del Tiempo Ordinario - Ciclo "B" - 15 de Enero de 2012 - San Juan Bautista preparaba al mundo de su época y de su región para el momento de la revelación de Jesucristo, el Mesías prometido, esperado por el pueblo de Israel, se revelara públicamente.
El Bautista predicaba la conversión, el cambio de vida. Y el Bautismo que impartía era un Bautismo de conversión; era como la aceptación de la conversión que se realizaba en aquéllos que, motivados por su predicación, deseaban cambiar de vida. En esa preparación del camino del Mesías, San Juan Bautista predicaba, bautizaba y, además, tenía algunos discípulos. En el Evangelio de otro Juan, San Juan Bautista nos ha dado esta bellísima revelación: “Yo no lo conocía (a Jesús, el Mesías prometido), pero Dios, que me envió a bautizar con agua, me dijo también: ‘Verás al Espíritu bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él. ¡Y yo lo he visto! Por eso puedo decir que éste es el Hijo de Dios” (Jn. 1, 33-42). Nos dice el Evangelio de hoy lo que sucedió al día siguiente de esta confesión. Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos: Andrés y Juan, y al ver que Jesús iba pasando, les dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Cuando los dos discípulos oyeron al Precursor del Señor identificar a Jesús como el Mesías tan esperado por el pueblo de Israel, lo buscaron para seguirlo. Ellos sabían de Quién se trataba, pues eran discípulos de San Juan Bautista que los había preparado para la venida del Mesías. De allí que inmediatamente siguieron a Jesús.
La Segunda Lectura de San Pablo (1 Cor. 6, 13-15.17-20) nos recuerda la importancia de la virtud de la templanza, ya que “nuestros cuerpos son miembros de Cristo”. Por ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo y porque nuestros cuerpos son “templos del Espíritu Santo”, nos recuerda San Pablo que debemos vivir alejados de las fornicaciones. Y nos recuerda una cosa importantísima, la cual expone con mucha convicción: “No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro”. Y esto lo refiere especialmente al cuerpo. ¡Qué apropiadas estas palabras en nuestro mundo actual, en el que creemos que se puede hacer lo que sea con el propio cuerpo! Y termina diciendo el Apóstol: “Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo”.
En la Primera Lectura del Primer Libro de Samuel (1 Sam. 3, 3b-10.19) vemos al joven Samuel, siendo llamado por Dios. Pero Samuel no reconocía al Señor: creía que quien lo llamaba era el sacerdote Elí, a quien servía en el Templo. A la tercera llamada Elí comprende que es el Señor quien está llamando a Samuel. Y le instruye a responder a Dios con aquella bellísima frase, tan útil en la oración: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Y nos dice esta lectura que el Señor estaba con Samuel y todo lo que el Señor le decía se cumplía. Es el Sacerdote Elí quien instruye a Samuel para conocer la voz del Señor y para entregarse a Dios. Sucede algo similar con San Juan Bautista y sus discípulos. La actitud del Precursor no puede ser más elocuente: San Juan Bautista muestra el Mesías a sus seguidores: “Este es el Cordero de Dios”. Y luego él mismo desaparece.
¿Cuál es la enseñanza de este episodio? En el apostolado y en la evangelización debemos mostrar continuamente a Jesús a los demás y no podemos estar mostrándonos nosotros mismos. ¿Qué significa esto? ¿Significa que para ser reales portadores y mostradores de Jesús debemos, como el Bautista, desaparecer también nosotros?
Todo cristiano es llamado a seguir a Cristo en la santidad y en el apostolado y la evangelización. Pero también en las actividades religiosas –y también en otras menos importantes- corremos el riesgo de querer lucirnos, de buscar poder, de pretender ser apreciados por lo que hacemos. Sin embargo, como personas necesitamos legítimamente ser apreciadas, pero no como mesías. Dios no anula a nadie para manifestarse. Se puede reconocer a Jesús como el Salvador y seguirlo como lo siguieron Juan y Andrés, sin aplastar ni opacar a nadie. El bautista desapareció en el sentido que él simplemente no era el mesías. Y sus discípulos, Andrés y Juan comenzaron a caminar detrás de Jesús. Y éste, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscan?” Ellos quieren conocer al Mesías y El les pregunta sobre sus intenciones, porque de nada vale seguir al Mesías si no estamos dispuestos a entregarnos a El del todo. Esta es la clave: Él es el centro absoluto, es el único salvador. No nos anula, nos salva, nos libera; no pretendamos anularlo con nuestro egoísmo. Entonces, ellos le preguntan: “¿Dónde vives?” En realidad querían saber dónde buscarlo, cómo reunirse con El, cómo conseguirlo en algún momento posterior. Pero Jesús los sorprende, pues de una vez los invita a venir. Nos dice en su Evangelio uno de estos dos discípulos, Juan, que eso sucedió a las cuatro de la tarde y que se quedaron con Jesús el resto del día. Y luego ellos hacen lo mismo que San Juan Bautista. Andrés fue a buscar a su hermano Simón y le informa que han encontrado al Mesías. Y lleva a Pedro a donde Jesús. Notemos la cadena: Elí enseña a Samuel. Juan Bautista lleva a Juan y a Andrés a Jesús. Andrés lleva a Pedro. Y así sucesivamente. En esto consiste el apostolado y la evangelización. Unos llevamos a otros a Jesús.

sábado, 7 de enero de 2012

¡EN LA SABIDURÍA HUMANA QUE BUSCA A DIOS, SE MANIFIESTA JESUCRISTO, EN EL PASADO, HOY Y SIEMPRE!

¡EN LA SABIDURÍA HUMANA QUE BUSCA A DIOS, SE MANIFIESTA JESUCRISTO, EN EL PASADO, HOY Y SIEMPRE!

Solemnidad de la EPIFANÍA del SEÑOR - Tiempo de Navidad - Ciclo "B" - 08 de Enero de 2012. Los Tres Magos-sabios representan la manifestación de Jesucristo, Dios y Señor de todos los hombres, a todas las razas. Por eso la fiesta que recuerda la visita de los tres sabios al Dios-Hombre, al Rey de Reyes, se denomina “Epifanía”, que significa “manifestación”.
La importancia de esta festividad va mucho más allá de lo pintoresco y atractivo de esta historia que recoge el Evangelio de San Mateo. Dios-Padre ha inscrito en el corazón de todos los seres humanos el deseo de buscarle. Y Dios responde a ese anhelo que hay en cada uno de nosotros Sus creaturas. Y responde, mostrándonos cómo es El y cuál es el camino para llegar a El, con Su Hijo Jesucristo, que se hace hombre, y nace y vive en nuestro mundo en un momento dado de nuestra historia. (cfr. Juan Pablo II, En el umbral del Tercer Milenio). Jesucristo es la respuesta de Dios a nuestra búsqueda de Él. Es el Salvador del género humano. Es el “Rey de Reyes”. Es el Dios humanado, el Dios-Hombre. Eso lo supieron los Magos que vinieron de oriente hacia Belén, buscándolo. Dios se les reveló de alguna manera para estimularlos a realizar un largo viaje, no exento de muchas dificultades, cada uno desde su sitio de origen. Ellos habían recibido una inspiración del Señor que los impulsaba a buscar a ese “Rey” que era mucho más que los poderosos de la tierra, ya que Su Reino era mucho mayor que todos los reinos de la tierra. Recibieron una llamada divina para ponerse en marcha y luego la Estrella del Señor los guiaba por el camino hacia Belén. Por eso dicen los Magos: “Hemos visto Su Estrella en Oriente y venimos a adorarlo” (Mt. 2, 2).
Magos para la época de Jesús no eran los que hacían magia, sino los que estudiaban los astros y otras ciencias. Los Magos, guiados por las maravillas de la naturaleza, los descubrimientos de la ciencia y la iluminación de las escrituras divinas, encontraron al Rey de los Judíos, al Mesías esperado. La ciencia no puede estar en contradicción con la verdad. Por eso los Magos encontraron la Verdad que buscaban a través de la ciencia, iluminados por las Sagradas Escrituras y siguiendo la guía divina hacia Belén. En efecto, después de muchas vicisitudes, llegaron “al lugar donde estaba el Niño”. Allí volvieron a ver “la Estrella y se llenaron de inmensa alegría” (Mt. 2,10).“Vieron al Niño que estaba con María Su Madre y postrándose, le adoraron” (Mt. 2, 11). Es decir, al llegar ante la presencia de Dios-hecho-Hombre, caen postrados ante tal majestad y grandeza. Caen, adorándolo. Los Tres Magos ofrecieron regalos al Dios-Hombre: oro, que representa nuestro continuo amor de entrega al Señor; incienso, que simboliza nuestra constante oración que se eleva al Cielo, y mirra, que significa la aceptación paciente de trabajos, sufrimientos y dificultades de nuestra vida en Dios.
Esta breve historia de la Sagrada Escritura nos muestra que Dios se revela a toda raza, pueblo y nación. Se revela en Jesucristo, Dios Vivo y Verdadero, ante Quien no podemos más que postrarnos y adorarlo. La historia de los Magos de Oriente nos muestra cómo Dios llama a cada persona de diferentes maneras, sea cual fuere su origen o su raza, su pueblo o su nación, su creencia o convicción. El toca nuestros corazones para que lo reconozcamos en Jesucristo como nuestro Señor, nuestro Superior, nuestro Rey. Como a los Tres Magos, Dios nos llama, nos inspira para que le busquemos, se revela a nosotros en Jesucristo. Y nuestra respuesta no puede ser otra que la de los Reyes: buscarlo, seguir Su Camino, postrarnos y adorarlo, ofreciéndole nuestra entrega a Él, nuestra oración y nuestros trabajos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

DIÁLOGO Y MÁSCARAS SOCIALES EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE.

DIÁLOGO Y MÁSCARAS SOCIALES EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE.

En el medio universitario de la Universidad Católica del Maule se reproduce el estado actual de ambivalencia que vive nuestra sociedad chilena: la clara descristianización de nuestra cultura chilena, que ha adquirido una “rapidez desconstructiva” y el proceso lento de un “conservantismo católico” que hace tiempo ha excluido otras sensibilidades católicas que legítimamente tienen una mejor recepción en el hombre o mujer inquietos de hoy. Los discursos valóricos, teológicos y socio-culturales de este “paradigma sobreviviente” se manifiestan entre las ruinas y nuevas edificaciones que su “fe católica razonada” intenta sintetizar para proponer a “sujetos” que no respiran o no pueden o no quieren respirar en esta atmósfera que se siente como muy reaccionaria y poco dialogante con la diversidad que hoy se presenta entre los católicos contemporáneos. Esto es una sensación, es un pre-juicio, o no es completamente así lo que está ocurriendo, pero es lo que predomina como impresión en una masa importante de estudiantes que no viven la fe católica y ni siquiera desean realizar un diálogo auténtico con la Iglesia. En forma fragmentada expresa una realidad. Se rechaza o se aparenta aceptar esta fe. Aparentar es clave para algunos que así se infiltran en el medio o sobreviven en él. Esto falsea o dificulta la realización de un diálogo auténtico que permita construir positivamente una nueva alternativa inclusiva. No falta un “pequeño resto de fieles” que no se sabe posicionar al interior de la Universidad.
En el mismo tema del diálogo que se intenta construir al interior de las aulas y foros se hace evidente la disfuncionalidad de los medios y fines. Hay que entrar en un ambiente de doble cara: “una que se muestra ante la Escuela o facultad y profesores” y otra que se muestra en “los pasillos o carretes”. No ver esto es engañarse o querer engañar.
Alguien podría decir con cierta certeza que: “El diálogo como actitud presupone una voluntad de cortesía, estima, simpatía y bondad por parte de quien emprende el diálogo y debe ir acompañada de la actitud de escucha en quien habla, para poder disponer a la confianza, dejando espacio para la respuesta. El diálogo auténtico debe estar atento a no convertirse en monólogo, deseo de dominar al otro o negación del otro cerrándose al diálogo”. Esto es esencial, sin embargo, hay algo que está en el fundamento de todo lo anterior: el diálogo debe partir de una cierta “verdad personal” del dialogante. Es decir, el contenido y el sujeto del diálogo son verdaderos o expresan una realidad. No hay un intento de engañar al interlocutor con una “falsa imagen de la identidad” o una “máscara”, ejemplo, aparentar ser católico y profesar otra religión o simplemente no ser creyente o engañar con un “contenido dialógico ficticio”, ejemplo, decir querer una cosa y en realidad se quiere otra cosa. Sería una caricatura de diálogo, que no busca dialogar sino engañar y manipular.
Lo anterior es muy importante, porque hoy la gente sabe que hay que ocultar lo que más se pueda el egoísmo y la mala intención. Vivimos en “una sociedad de la apariencia”. Hay que “blanquear la imagen.” Esto es muy fuerte en las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad. Es un arte el saber aparentar y engañar. Hay una cultura del cinismo que se hace cada vez más afín con estos tiempos pragmáticos e individualistas.
No sabemos distinguir con facilidad las “máscaras” de las “personas reales” que se nos presentan en el “mercado omnipresente” de nuestro horizonte social y público.
Se llega al extremo de exigir que la sociedad acepte la máscara como sujeto social. Todos debemos guardar silencio o no desmentir a quien está engañando a una institución con una falsa identidad. Hacerlo es ser traidor o delator. Esto establece un mundo de relaciones falsas y denigrantes, porque se presiona a quienes viven con sinceridad valores y principios, que para ellos son importantes, incluso fundantes de la existencia y tienen que ser avales de “personas camufladas.” El paroxismo de esta situación es pretender dialogar desde esta falsedad, incluso calificar de intolerante a quién no acepta entrar en esta farsa.
La tolerancia tiene límites, pero se necesita que sea permanente; y el diálogo se debe siempre realizar con quién quiere dialogar. Esto es un principio. Pero, hoy la manipulación de la apariencia, el residuo más nefasto de la falsificación ideológica, presiona violentamente para ocupar el mismo “lugar valórico” que la veracidad. Esto lleva a una destrucción de la confianza real. Aparentemente se puede esperar que funcione algún acuerdo en la medida que se comprueba que los intereses que se buscaron asegurar mantienen su forma tangible y están controlados por los involucrados. Inevitablemente esta manipulación nos lleva a un cinismo existencial donde el diálogo pasa a ser un eco de otro mundo que un día fue y que hoy es casi una leyenda ingenua, una apariencia social. Sin embargo, sí se quiere establecer una comunicación auténtica se hace vital recuperar un diálogo de personas y no de máscaras. En resumen: el diálogo para que sea tal debe estar basado en la veracidad y en la búsqueda de una “verdad fundamental en la cercanía” que establezca un encuentro real con el otro. Es decir: este encuentro con lo real del otro hace posible una aceptación mutua que funda el acuerdo que se necesita concretizar. Es deseable que esto se haga posible en una Universidad Católica y más, es la misión y razón de ser de una Universidad católica, sobre todo en estos momentos en que Chile está teniendo la experiencia de “terremotos morales” en diversas áreas de su vida pública y privada, incluso eclesial.

jueves, 22 de diciembre de 2011

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!



Solemnidad de la Natividad del Señor - Ciclo "B" - 25 de Diciembre de 2011. El primer anuncio del Nacimiento de Dios-Hombre fue hecho a los Pastores -a los campesinos de la época- que cuidaban sus rebaños en las cercanías de Belén. De toda la humanidad, Dios escogió a estos pobres, humildes y sencillos hombres para ser los primeros en llegar a conocerlo.

Un Ángel se les apareció la noche de la Primera Navidad anunciándoles: “Vengo a comunicarles una buena nueva... hoy ha nacido el Salvador que es Cristo Señor” (Lc. 2, 11). Si bien los Pastores sienten “un miedo enorme” cuando “el Ángel del Señor se les apareció y los rodeó de la claridad de la Gloria del Señor” (Lc. 2, 9), no se sorprendieron ante el anuncio que se les hiciera. Ellos esperaban al Salvador. A causa del pecado de nuestros primeros progenitores, la humanidad se encontraba a oscuras, derrotada, pues había perdido el acceso al Cielo.

Los Profetas del Antiguo Testamento, especialmente Isaías (Is. 9, 1-3 y 5-6) nos hablan de que la humanidad se encontraba perdida y en la oscuridad, subyugada y oprimida, hasta que vino al mundo “un Niño”. Entonces “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz ... se rompió el yugo, la barra que oprimía sus espaldas y el cetro de su tirano”. Isaías profetiza con 700 años de anticipación el nacimiento de un niño que sería “Dios poderoso”, “Príncipe de Paz”, que vendría a establecer un reinado de Paz “para siempre”. Podemos imaginar, entonces, la alegría que deben haber sentido los Pastores cercanos a la cueva de Belén cuando el Ángel se les aparece en la Noche de Navidad y les dice: “Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor”. (Lc. 2, 1-14) Se cumple así la esperanza de redención del género humano; es decir, se nos abren nuevamente las puertas del Cielo. Ya el destino final de los seres humanos no tiene que ser el Infierno. Por eso San Pablo nos dice que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres ... para que vivamos de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús” (Tt. 2, 11-14).

Y sucedió que mientras el Ángel de Señor les hablaba a los pastores, aumentó el resplandor luminoso que los cubría, al aparecer una multitud de otros Ángeles que “alababan a Dios” cantando una suave y gozosa melodía: “Gloria a Dios en lo más alto del Cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres” (Lc. 2, 14). Sabemos que los Pastores creyeron sin dudar lo que se les había anunciado y se dijeron: “Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos dio a conocer” (Lc. 2, 15). El texto griego dice literalmente: "Veamos esta Palabra que ha ocurrido allí". Sí, ésta es la novedad de esta noche: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. Aquel Dios del que no se debe hacer imagen alguna, porque cualquier imagen sólo conseguiría reducirlo, e incluso falsearlo, este Dios se ha hecho, él mismo, visible en Aquél que es su verdadera imagen, como dice San Pablo (cf. 2 Co 4, 4; Col 1, 15). (Benedicto XVI-Navidad 2009)

Fueron presurosos y, tal como les fuera dicho “hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en la pesebrera” (Lc. 2, 16). Si Dios el Señor les manifestó a los pastores su presencia en el mundo a través del anuncio angélico, debe haberles también manifestado su Divinidad a éstos, sus primeros visitantes, pues según dicen algunas traducciones de la Escritura “cuando los pastores lo vieron, comprendieron lo que les había sido dicho sobre este Niño”.

La señal de Dios, la señal que ha dado a los Pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en Niño; se deja tocar y pide nuestro amor. Y así nos invita a ser semejantes a Él en la humildad. (Benedicto XVI-Navidad 2009) La gracia de Dios debe haber tocado a estos sencillos hombres muy profundamente, causándoles una fuerte renovación espiritual, por lo cual “después se fueron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído era como se lo habían anunciado” (Lc. 2, 20). Los Pastores son de esos “pobres en el espíritu” que luego Jesús el Salvador menciona en Sus Bienaventuranzas, “que de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt. 5, 3)... Y ese Reino también está presente hoy en medio de este mundo que se intentó construir sin lo divino y que hoy se vuelve contra el hombre que dejó de ser un fin y ahora es un medio para producir bienes. El Reino es recuperar y restaurar la dignidad humana de los hijos e hijas de Dios, que hace posible una vida fraternal iluminada por Dios.

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!

¡EN MEDIO DEL BRUTAL RUIDO DEL CONSUMISMO, HAY UN HUMILDE ÁNGEL QUE ANUNCIA: NACIÓ EL SALVADOR!



Solemnidad de la Natividad del Señor - Ciclo "B" - 25 de Diciembre de 2011. El primer anuncio del Nacimiento de Dios-Hombre fue hecho a los Pastores -a los campesinos de la época- que cuidaban sus rebaños en las cercanías de Belén. De toda la humanidad, Dios escogió a estos pobres, humildes y sencillos hombres para ser los primeros en llegar a conocerlo.

Un Ángel se les apareció la noche de la Primera Navidad anunciándoles: “Vengo a comunicarles una buena nueva... hoy ha nacido el Salvador que es Cristo Señor” (Lc. 2, 11). Si bien los Pastores sienten “un miedo enorme” cuando “el Ángel del Señor se les apareció y los rodeó de la claridad de la Gloria del Señor” (Lc. 2, 9), no se sorprendieron ante el anuncio que se les hiciera. Ellos esperaban al Salvador. A causa del pecado de nuestros primeros progenitores, la humanidad se encontraba a oscuras, derrotada, pues había perdido el acceso al Cielo.

Los Profetas del Antiguo Testamento, especialmente Isaías (Is. 9, 1-3 y 5-6) nos hablan de que la humanidad se encontraba perdida y en la oscuridad, subyugada y oprimida, hasta que vino al mundo “un Niño”. Entonces “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz ... se rompió el yugo, la barra que oprimía sus espaldas y el cetro de su tirano”. Isaías profetiza con 700 años de anticipación el nacimiento de un niño que sería “Dios poderoso”, “Príncipe de Paz”, que vendría a establecer un reinado de Paz “para siempre”. Podemos imaginar, entonces, la alegría que deben haber sentido los Pastores cercanos a la cueva de Belén cuando el Ángel se les aparece en la Noche de Navidad y les dice: “Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor”. (Lc. 2, 1-14) Se cumple así la esperanza de redención del género humano; es decir, se nos abren nuevamente las puertas del Cielo. Ya el destino final de los seres humanos no tiene que ser el Infierno. Por eso San Pablo nos dice que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres ... para que vivamos de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús” (Tt. 2, 11-14).

Y sucedió que mientras el Ángel de Señor les hablaba a los pastores, aumentó el resplandor luminoso que los cubría, al aparecer una multitud de otros Ángeles que “alababan a Dios” cantando una suave y gozosa melodía: “Gloria a Dios en lo más alto del Cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres” (Lc. 2, 14). Sabemos que los Pastores creyeron sin dudar lo que se les había anunciado y se dijeron: “Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos dio a conocer” (Lc. 2, 15). El texto griego dice literalmente: "Veamos esta Palabra que ha ocurrido allí". Sí, ésta es la novedad de esta noche: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. Aquel Dios del que no se debe hacer imagen alguna, porque cualquier imagen sólo conseguiría reducirlo, e incluso falsearlo, este Dios se ha hecho, él mismo, visible en Aquél que es su verdadera imagen, como dice San Pablo (cf. 2 Co 4, 4; Col 1, 15). (Benedicto XVI-Navidad 2009)

Fueron presurosos y, tal como les fuera dicho “hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en la pesebrera” (Lc. 2, 16). Si Dios el Señor les manifestó a los pastores su presencia en el mundo a través del anuncio angélico, debe haberles también manifestado su Divinidad a éstos, sus primeros visitantes, pues según dicen algunas traducciones de la Escritura “cuando los pastores lo vieron, comprendieron lo que les había sido dicho sobre este Niño”.

La señal de Dios, la señal que ha dado a los Pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en Niño; se deja tocar y pide nuestro amor. Y así nos invita a ser semejantes a Él en la humildad. (Benedicto XVI-Navidad 2009) La gracia de Dios debe haber tocado a estos sencillos hombres muy profundamente, causándoles una fuerte renovación espiritual, por lo cual “después se fueron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído era como se lo habían anunciado” (Lc. 2, 20). Los Pastores son de esos “pobres en el espíritu” que luego Jesús el Salvador menciona en Sus Bienaventuranzas, “que de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt. 5, 3)... Y ese Reino también está presente hoy en medio de este mundo que se intentó construir sin lo divino y que hoy se vuelve contra el hombre que dejó de ser un fin y ahora es un medio para producir bienes. El Reino es recuperar y restaurar la dignidad humana de los hijos e hijas de Dios, que hace posible una vida fraternal iluminada por Dios.

domingo, 11 de diciembre de 2011

“EL MUNDO NO ES ABSURDO, PORQUE DIOS LO AMA”

“EL MUNDO NO ES ABSURDO, PORQUE DIOS LO AMA”

3°Domingo de Adviento, 11 de diciembre 2011. Ciclo B. Lecturas, Salmo y Evangelio: Is 61, 1-2.10-11. Sal Lc 1 / 1-Tes 5, 16-24. Jn 1, 6-8.19-28. San Pablo parece darnos hoy el tono humano que caracteriza el estilo de vida de un cristiano en medio del siglo presente: la alegría, la oración y la acción de gracias. Ante un Dios “fiel que cumple sus promesas”, aguardar su “parusía”, debe ser motivo de esa alegría, acciones de gracias y vida de oración. Hoy celebramos «el Domingo Gaudete» dentro del Adviento, precisamente por el tono de júbilo y alegría presente en las lecturas. La alegría es fundamental en el cristianismo, que por esencia es Evangelium –Buena Nueva– y no nos parece razonable recibir una buena noticia con aires de tristezas.
La alegría es uno de los principales temas en las sagradas Escrituras. El mensaje de la Biblia es profundamente optimista: Dios quiere la felicidad de los hombres; que vivan plenamente y participen de su ser.
Los maestros espirituales de todos los tiempos han enseñado que lo que da más paz, tranquilidad y alegría es la perfecta conformidad con la voluntad de Dios: «Quiere siempre y en todo lo que Dios quiera y como Dios lo quiera».
Sin duda, el hombre moderno busca también la alegría humana, pero pocos la encuentran, o queda reservada a unos pocos e incluso, generalmente, son alegrías dudosas o pasajeras. Hay quienes buscan la alegría en la evasión, el sueño y el placer, y aceptan una vida cotidiana sin relieve y sin sentido.
El mundo no es absurdo, ya que Dios lo ama, y el principio vital de su éxito se nos ha dado una vez por todas en Jesucristo. Es que el mundo no se ha enterado. Precisamente dice hoy el Evangelio que surgió un hombre enviado por Dios, llamado Juan (el Bautista), que venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe, y decía: “En medio de vosotros, hay uno que no conocéis”. Ese que el mundo no conoce, es la fuente de la alegría verdadera, de la paz duradera y la esperanza cierta.
De igual manera nos recuerda hoy la voz profética del tercer libro del profeta Isaías (caps. 56-66), escrito probablemente en el periodo posterior al exilio babilónico (siglos VI-V a.C.), el tono de esperanza y alegría con el que se anuncia la inminente manifestación de Dios; “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala… Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos”.
El mensaje cristiano está lleno de esperanza y alegría para el hombre de todos los tiempos. El entusiasmo cristiano se alimenta de la esperanza en una vida mejor. En la vida eterna. Jesús es el único que nos promete vida eterna. Dice San Pablo a los filipenses: «Manteneos alegres como cristianos que sois». «Que la esperanza os tenga alegres». La esperanza hace llevadera la cruz, y soportable el dolor. La esperanza es esencial para la vida del ser humano. El hombre sin esperanza muere.
Decía el doctor Víctor Frankl, al narrar sus experiencias con los prisioneros de los campos de concentración nazis: «Sólo se mantenían vivos los que tenían esperanza. Aquellos a quienes se les apagaba la llama de la esperanza, tenían sus días contados». La esperanza de la vida eterna es la más brillante y cierta de las esperanzas. Debemos vivir y comunicar esta esperanza.
Los cristianos debemos ser portadores de esperanza. Dice el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes: «El cristiano tiene que dar al mundo razones para vivir y para esperar».
Vivir la esperanza cristiana llena la vida de acción y optimismo en un mundo donde reina el pesimismo, la tristeza, la amargura, el vacío interior y el hastío. Un mundo harto de materialismo y de sexo. Un mundo miope y arrugado.
La verdadera alegría no llega hasta que no la trae Cristo. Nuestra alegría no será auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas que pueden sernos arrebatadas y destruidas, y se fundamente en la más íntima profundidad de nuestra existencia. Por el contrario, toda pérdida externa debería hacernos avanzar un paso hacia esa intimidad y hacernos más maduros para nuestra felicidad auténtica.
Celebrar el Adviento significa, despertar a la vida la presencia de Dios oculta en nosotros. Juan el Bautista y María nos enseñan a hacerlo. Para ello hay que andar un camino de conversión, de acercamiento a lo invisible y redescubrimiento del sentido profundo de la vida en comunidad, donde se vive el amor, la política como servicio a los hermanos. Lo visible es necesario, pero lo necesario de este mundo encuentra su sentido en Dios. La vida se hace plenamente humana en la trascendencia divina. El hombre o mujer no es hombre o mujer sin Dios. Dios es necesario en cada dimensión de la vida humana. El cristiano no reduce su fe a un ritualismo desligado de lo vivencial, toda su vida personal o privada o pública es religiosa. Es una religiosidad que nutre su historia cotidiana. Porque no hay una separación de lo sagrado y lo profano. Incluso diferenciar estos planos sin separarlos, supone una sinceridad radical, una solidaridad real, un compromiso de liberación con los pobres. No podemos quedarnos en la mera teoría social o pastoral. Prepararse para la venida del Señor es hacer realidad la fraternidad, la tolerancia, la paz, el amor y todos los valores del evangelio y, superar toda forma de autoritarismo, de manipulación de la conciencia, de favoritismo y abusos diversos.
Construir este mundo con Cristo es un fruto de su resurrección. Su advenimiento irrumpe en la historia desde el futuro. Es la esencia de nuestra esperanza. Oramos y construimos nuestra historia. Cristo viene y a la vez está presente. Es el comienzo y el fin.

LA CONVIVENCIA HUMANA: LO PEOR Y LO MEJOR DEL SER HUMANO.

LA CONVIVENCIA HUMANA: LO PEOR Y LO MEJOR DEL SER HUMANO.

Los problemas de convivencia que se producen en una población popular de Linares, no son fenómenos aislados del resto de la ciudad, incluso se pueden encontrar en otros lugares o ciudades del país. ¿Es una novedad botar basura en el sitio del vecino? ¿Destruirle el cerco? ¿Amontonar escombros en su vereda para perjudicarlo? Hoy la gente sabe que hay que ocultar lo que más se pueda el egoísmo y la mala intención. Vivimos en “una sociedad de la apariencia”. Hay que “blanquear la imagen.” La crisis de valores que vivimos día a día se hace cada vez más masiva.

Un grupo de vecinos de una población de Linares con el presidente de su sector a la cabeza apoyó la instalación de una casa de prostitución, porque es un negocio privado, cada cual sabe lo que hace con su sexualidad. Pero este “antro no se queda en la oscuridad”. Los clientes salen ebrios de este local y han chocado el cerco del vecino del frente en tres o más oportunidades, destruyéndolo. La música a todo volumen, los gritos, las peleas tiñen la noche de intranquilidad. Pero, aparentemente nadie tiene un reclamo. De esta casa de placer botan basura al sitio del vecino que vive al frente ¿por qué? El camión de la basura pasa todas las semanas? ¿Por qué molestan a una familia tranquila? Pero, nadie de la directiva de la población interviene para impedir que se cometa este abuso. Estos mismos personajes piden áreas verdes a los políticos que han vuelto a acordarse de esta población y otras. Los que hablan más fuerte piden muy agitados lugares de recreación para los niños y adolescentes. Algunos hablan contra las drogas y el alcoholismo. ¡Es increíble! Para esto hay que tener, según ellos, áreas verdes y mantener a estos jóvenes, niños y adolescentes de ambos sexos muy ocupados en deportes y diversas formas de recreación. Así no caerían en las drogas y otros vicios. Parece que hablan de animales que funcionan con estímulos y respuestas.

Los teóricos más serios de la educación están de acuerdo que la integración a la naturaleza o al entorno natural es un factor básico en la formación integral de las nuevas generaciones. Incluso ni siquiera hay que ser un profesional de la educación para saberlo. Pero, es un elemento entre otros que también son importantes. Incluso más. Uno de ellos es la familia. Este mismo grupo de personas con “ideas de progreso” son padres y madres de familia. ¿Cómo viven su paternidad o maternidad? ¿Su relación de esposos? ¿Respetan a sus semejantes? La violencia intra-familiar está muy presente en los hogares bajos, medios y altos. Sí las figuras paterna y materna no son sanas o relevantes en la vida afectiva y moral de los hijos de estos padres, la deformación del proyecto de vida de estos niños o jóvenes no dejará de notarse. Entonces sus valores estarán debilitados y no podrán crecer y madurar normalmente. Las áreas verdes no les servirán para evitar el mal. Serán lugares para drogarse, para tener sexo, para seguir desarrollando el egoísmo y “mala vivencia” de sus hogares. El deporte será una mera actividad, que reflejará la violencia y tal vez el fanatismo que hace el papel de una falsa religión, que no asume la auténtica espiritualidad que concibe al ser humano como un sujeto solidario y “valórico-trascendental”. Y lo peor es que estos jóvenes y niños ven a sus mayores tirar basura, cadáveres de animales, etc. en el sitio o escombros en la vereda de una anciana vecina que tiene un espacio grande y de esta manera quieren perjudicarla, molestarla porque no les “regala la tierra,” por decirlo así, para hacer áreas verdes. Esto ocurre en una población de Linares: Quinta la Libertad. Está llegando a tal punto esta situación que se ha tenido que acudir a carabineros, que ya están informados de este hecho de mala convivencia.

Es en estos ambientes donde se comprueba con detalles la actual descomposición moral que está sufriendo el país. La gente se organiza sí, pero el individualismo, el apetito por recibir beneficios materiales, el ansia por consumir como lo máximo de la vida, está en el fondo de no pocos vecinos. El fin justifica los medios. Muy pocos creen en el bien común y los que creen en estos valores, pocas veces son líderes significativos. La mayoría asegura lo propio.

Valores tan centrales como la religión se ven debilitados sino ignorados en estos contextos vecinales. Los que se dicen “salvados” muchas veces viven una caricatura de “evangelio” que no es otra cosa que un “solipsismo espiritualista” o egoísmo refinado. No se sabe encontrar la justa relación entre lo moral-espiritual o religioso y lo público-político. El falsamente puro no se mete en lo público o político; otros viven una superposición de lo religioso como apariencia y todo lo hacen una cuestión política, todo, y desaparece lo más profundo de lo humano, que es mucho más que la política. Les falta una visión valórica integral que les permita, por ejemplo, buscar lo material sin anular lo ético y religioso. Y otros, simplemente son incrédulos, por no decir impíos. Para agravar este cuadro no faltan los políticos que se dedican a repartir lo ajeno o por lo menos hacen la representación. Curiosamente presionan a los que tienen un poco más que otros y son complacientes con los que tienen el poder económico. Es una actitud realmente asquerosa.

Las cosas no sólo hay que necesitarlas, hay que adquirirlas con legitimidad, sin atropellar a las personas. Sin envidia y sin usar la mentira. Hay gente que hace una crítica social y no hace nada por formar en valores a las nuevas generaciones. Es una falencia grave que es transversal en la política chilena. En resumen: es urgente rescatar lo comunitario para desarrollar formas justas y honestas que permitan progresar materialmente y crecer como personas en comunidad. Esto también supone un trabajo educativo en medio de la familia y vecindario.