DOMINGO 18 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 31 de Julio de 2011 -El tema de la Liturgia de hoy es el de la Providencia Divina y la confianza que debe tener el cristiano de que Dios, que es Padre infinitamente misericordioso, se ocupa de todas nuestras necesidades: tanto espirituales, como materiales. Dios se ocupa de los lirios del campo y de las aves del cielo, y más aún se ocupa de cada uno de nosotros, sus creaturas que, como El mismo nos dice, valemos mucho más que las flores y los animales (cfr. Mt. 6, 28).
En la Primera Lectura de hoy, tomada del Profeta Isaías (Is. 55, 1-3), podemos apreciar el cuidado amoroso de un Dios que es Padre, ocupándose de sus creaturas. Así nos dice el Señor a través del Profeta: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, venga, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan, y salario en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Préstenme atención, venga a Mí, escúchenme y vivirán” (Is. 55, 1-3). En esta Lectura podemos intuir, tanto los bienes y alimentos materiales, como los espirituales. Y todos ellos nos vienen de Dios, aunque nos toque trabajar para obtenerlos. Para los bienes materiales, El nos da la posibilidad de encontrarlos poniendo nosotros nuestro aporte, que es el trabajo cotidiano. Para los espirituales nuestro aporte consiste en nuestra respuesta a la Gracia Divina, es decir, nuestro “sí” a la Voluntad de Dios. Recordemos esto cada vez que recemos el Padre Nuestro, pues “el Pan nuestro de cada día” que pedimos en esa oración con que Jesús nos enseñó invocar a Su Padre, nuestro Padre, se refiere al alimento material y también al alimento espiritual.
El Salmo nos recuerda esa confianza en la Providencia Divina. Así hemos rezado: “Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores ... A todos alimentas a su tiempo ... Todos quedan satisfechos”. (Sal. 144) Dentro de esa confianza que debe tener el cristiano de que Dios todo lo provee y de que Dios no permite nada que no sea conveniente para nuestra salvación, está la Segunda Lectura del Apóstol San Pablo a los Romanos (Rm. 8, 35, 37-39). Nada -absolutamente nada- puede apartarnos del amor que sabemos que Dios nos tiene: ni las tribulaciones, ni las angustias, ni la persecución, ni el hambre, ni el peligro, ni la guerra, ni la muerte, ni la vida, ni los demonios, ni el presente, ni el futuro. Así es la seguridad del cristiano que confía en su Padre, Dios. Con esta confianza construye lo que le corresponde en la historia de los hombres y mujeres.
El Evangelio nos trae uno de los milagros más recordados de Jesús, el de la Multiplicación de los Panes y los Peces: alimento multiplicado y gratis para saciar a todos los que le seguían en ese momento. Pero, más allá del milagro multiplicador, es interesante descubrir en este texto del Evangelista San Mateo (Mt. 14, 13-21), algunos detalles que rodearon este impresionante milagro. Lo primero que llama la atención es el hecho de que para el momento de este acontecimiento, Jesús se acaba de enterar de la muerte de su primo, su Precursor, San Juan Bautista. Nos dice el Evangelista que “al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar solitario”. Es decir, que en ese momento el Señor estaba de duelo y quería retirarse a solas, seguramente a orar, o simplemente a recuperarse de la tristeza de este hecho. Sabemos que, como Dios, Jesús conocía de antemano lo que iba a suceder a su primo. Pero, como Hombre verdadero que era también, sentía aflicción por tal pérdida y por tan vil asesinato (cfr. Mt. 14, 1-12). Pero... ¿por qué llama la atención esto? Llama la atención por lo que nos cuenta el Evangelista: al saber la gente que Jesús estaba por allí, lo siguieron por tierra y El, al ver aquella muchedumbre, “se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Y la atención de Jesús para con esa gente no se queda allí, sino que posteriormente, les da de comer a todos. Si observamos bien, entonces, nos damos cuenta de que Jesús se olvida de lo que inicialmente iba a hacer, se olvida de su retiro en soledad, se olvida de su duelo, de su dolor, y se somete a la solicitud de una muchedumbre hambrienta de pan material y de pan espiritual. Y nosotros, que debemos captar los valores de Cristo, ¿es así como actuamos con relación a las necesidades de los demás? El otro detalle que llama la atención de este milagro multiplicador de comida es el hecho de que Jesús le pregunta a sus discípulos cuánta comida tienen. Y ellos le informan: son sólo cinco panes y dos pescados. La muchedumbre era grande: cinco mil hombres, más las mujeres y los niños. Si tomamos en cuenta que a Jesús lo seguían muchas más mujeres que hombres, probablemente en total podían haber sido unas quince mil personas. ¿Cómo podían los discípulos, preocupados por el gentío, seguir la indicación del Señor que les dice: “Denles ustedes de comer”?
El Señor les pedía un imposible: dar de comer a una multitud con cinco panes y dos pescados. Ellos obedecen, aunque parecía imposible. ¿Cómo actuamos cuando el Señor nos pide algo que creemos imposible? ¿Confiamos plenamente en Dios u olvidamos que Dios nunca nos pide algo que no podamos cumplir con su Gracia? ¿Qué sucedió, entonces, en esta escena evangélica? ¡Sucedió lo imposible! Los Apóstoles sí pudieron cumplir la instrucción del Señor, pues, acto seguido, Jesús efectúa el milagro: de los cinco panes y dos peces iban saliendo muchísimos panes y pescados... ¡tantos! que al final se recogieron doce cestas de sobras. Pero este milagro fue ¡nada! en comparación con otro milagro que este milagro pre-anuncia: la Sagrada Eucaristía, en la cual Jesús se convierte El mismo en nuestro “Pan bajado del Cielo” (Jn. 6, 41). En efecto, Jesús es nuestro “Pan de Vida” que alimenta nuestra vida personal e interpersonal, que se da a nosotros como alimento en la Hostia Consagrada, cada vez que queramos recibirlo: diariamente, si deseamos o podamos. Recordemos: Dios espera que pongamos lo poco que tengamos (nuestros cinco panes y dos pescados) para El multiplicarlos para los demás. El Reino es primero un don que nos permite construir nuestra historia donde Dios es el centro actual y fin de la historia.
(*) Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.
domingo, 31 de julio de 2011
viernes, 29 de julio de 2011
UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL MAULE: PROFANACIÓN, LUCRO Y VOCACIÓN DEL PROFESOR DE RELIGIÓN Y FILOSOFÍA.
Han pasado varias semanas desde que un grupo significativo de alumnos de la Universidad Católica del Maule, se tomara esta casa de estudio y decidió unirse al Movimiento Estudiantil nacional y a la vez presentar un Petitorio interno relacionado con la realidad del alumnado que estudia aquí. La generosidad que ánima el espíritu del movimiento es innegable.
Es importante saber encontrar lo esencial para no perder el sentido de la causa por lo que se está luchando, porque no han faltado algunos hechos negativos y aislados que sería exagerado usarlos para restarle legitimidad al movimiento. Por lo mismo, esto no impide desaprobar un hecho grave como fue la profanación que se ha cometido en la capilla de la Universidad, donde hay un responsable que actuó a título personal y no representa al movimiento estudiantil.
Hemos podido conocer diversas posiciones de alumnos (as) frente a la toma y al movimiento en general. Los temas de la educación son muchos, algunos unen otros nos diferencian. Entre ellos está el lucro. Se puede conjeturar que crece en el país la conciencia que el lucro en la educación es nefasto, pone sobre los hombros de la familia media y popular chilena un peso muy difícil de llevar. La educación no es una mercancía, es un medio para que las personas nos humanicemos y esto se refleje en una sociedad más justa y democrática y más cristiana en la vivencia concreta de los que son cristianos, que por supuesto no son todos los chilenos(as), pues entre nosotros hay otros credos y no-creyentes.
En medio de estos acontecimientos que están ocurriendo en nuestro país y en particular en la UCM., han surgido opiniones encontradas sobre temas relacionados con la misión de una Universidad Católica, la Vocación de un Profesor de Religión, su catolicidad, la tolerancia, etc. Todo no puede ser analizado en este breve artículo. Destacaremos algunos.
Algunos sostienen tozudamente que la UCM, es un recinto donde se cultiva el pensamiento crítico con un acento Católico. Pero este pensamiento no es compartido por todos los alumnos. Algunos piensan que el catolicismo que profesa es derechamente un “opio” para debilitar la conciencia de clase y justificar la injusticia y la violencia de nuestra sociedad. Es un sector muy pequeño pero muy activo que se potencia aprovechando el “apoliticismo” de una masa que se dice católica pero no se “contamina” con un compromiso de generar desde esta Universidad un cambio social concreto, que tiene que ser político con todo lo que esto significa, pues no logran rescatar la política con sentido cristiano y separarla de su mala fama. Egresan de sus carreras para perderse en este sistema socio-económico excluyente. Muy pocos asumen un Liderazgo para vivir un cristianismo liberador. Es decir algo de verdad tiene este grupo minoritario. Sin embargo, nos interesa promover una visión crítica que afirma que el cristianismo no puede justificar la injusticia, no debe, porque contradice su misión y esencia.
En Chile, lamentablemente, han sido las Universidades Católicas las que más han promovido un sistema que no origina los valores cristianos de fraternidad y justicia que nuestra sociedad necesita hoy con urgencia. También hay quienes piensan que hay un “cierto cinismo teológico” que no asume la historicidad del misterio de Cristo, es decir hay creyentes que se pueden escandalizar de una profanación al Santísimo, pero no ven la profanación que Cristo sufre en la persona del pobre, del maltratado, explotado, etc. Este cinismo se entrecruza con otro cinismo que es aparentar una fe que no se tiene para poder llegar ser un profesor de Religión y Filosofía. En todo el país hay profesores de Religión que no tienen vocación, sólo les interesa ganar dinero y algunos ni siquiera son creyentes. Esto es grave y hay casos concretos.
Pensamos que sin imponer a nadie el sentido católico que tiene la Carrera de Pedagogía en Religión y Filosofía, se debe salvaguardar el valor de la vocación que supone. Tal vez, se debiera diseñar una carrera de Pedagogía en Filosofía que podría ser liberadora para algunos jóvenes que no les interesa la Religión. Sería tener otra opción. Tal vez, hace falta un diálogo efectivo entre jóvenes creyentes y no-creyentes al interior de la Universidad Católica del Maule. Hace falta otra teología, otro ambiente humano y católico.
Mario Díaz Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.
Es importante saber encontrar lo esencial para no perder el sentido de la causa por lo que se está luchando, porque no han faltado algunos hechos negativos y aislados que sería exagerado usarlos para restarle legitimidad al movimiento. Por lo mismo, esto no impide desaprobar un hecho grave como fue la profanación que se ha cometido en la capilla de la Universidad, donde hay un responsable que actuó a título personal y no representa al movimiento estudiantil.
Hemos podido conocer diversas posiciones de alumnos (as) frente a la toma y al movimiento en general. Los temas de la educación son muchos, algunos unen otros nos diferencian. Entre ellos está el lucro. Se puede conjeturar que crece en el país la conciencia que el lucro en la educación es nefasto, pone sobre los hombros de la familia media y popular chilena un peso muy difícil de llevar. La educación no es una mercancía, es un medio para que las personas nos humanicemos y esto se refleje en una sociedad más justa y democrática y más cristiana en la vivencia concreta de los que son cristianos, que por supuesto no son todos los chilenos(as), pues entre nosotros hay otros credos y no-creyentes.
En medio de estos acontecimientos que están ocurriendo en nuestro país y en particular en la UCM., han surgido opiniones encontradas sobre temas relacionados con la misión de una Universidad Católica, la Vocación de un Profesor de Religión, su catolicidad, la tolerancia, etc. Todo no puede ser analizado en este breve artículo. Destacaremos algunos.
Algunos sostienen tozudamente que la UCM, es un recinto donde se cultiva el pensamiento crítico con un acento Católico. Pero este pensamiento no es compartido por todos los alumnos. Algunos piensan que el catolicismo que profesa es derechamente un “opio” para debilitar la conciencia de clase y justificar la injusticia y la violencia de nuestra sociedad. Es un sector muy pequeño pero muy activo que se potencia aprovechando el “apoliticismo” de una masa que se dice católica pero no se “contamina” con un compromiso de generar desde esta Universidad un cambio social concreto, que tiene que ser político con todo lo que esto significa, pues no logran rescatar la política con sentido cristiano y separarla de su mala fama. Egresan de sus carreras para perderse en este sistema socio-económico excluyente. Muy pocos asumen un Liderazgo para vivir un cristianismo liberador. Es decir algo de verdad tiene este grupo minoritario. Sin embargo, nos interesa promover una visión crítica que afirma que el cristianismo no puede justificar la injusticia, no debe, porque contradice su misión y esencia.
En Chile, lamentablemente, han sido las Universidades Católicas las que más han promovido un sistema que no origina los valores cristianos de fraternidad y justicia que nuestra sociedad necesita hoy con urgencia. También hay quienes piensan que hay un “cierto cinismo teológico” que no asume la historicidad del misterio de Cristo, es decir hay creyentes que se pueden escandalizar de una profanación al Santísimo, pero no ven la profanación que Cristo sufre en la persona del pobre, del maltratado, explotado, etc. Este cinismo se entrecruza con otro cinismo que es aparentar una fe que no se tiene para poder llegar ser un profesor de Religión y Filosofía. En todo el país hay profesores de Religión que no tienen vocación, sólo les interesa ganar dinero y algunos ni siquiera son creyentes. Esto es grave y hay casos concretos.
Pensamos que sin imponer a nadie el sentido católico que tiene la Carrera de Pedagogía en Religión y Filosofía, se debe salvaguardar el valor de la vocación que supone. Tal vez, se debiera diseñar una carrera de Pedagogía en Filosofía que podría ser liberadora para algunos jóvenes que no les interesa la Religión. Sería tener otra opción. Tal vez, hace falta un diálogo efectivo entre jóvenes creyentes y no-creyentes al interior de la Universidad Católica del Maule. Hace falta otra teología, otro ambiente humano y católico.
Mario Díaz Estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule
Colectivo Cultural Jorge Yáñez Olave.
sábado, 23 de julio de 2011
¡EL REINO DE DIOS ES INTERIOR E HISTÓRICO!
¡EL REINO DE DIOS ES INTERIOR E HISTÓRICO!
DOMINGO 17 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 24 de Julio de 2011 - Hoy el Evangelio de San Mateo nuevamente nos trae tres parábolas: la del Tesoro escondido, la de la Perla fina y la de la Red de pescar. Y Jesús usa esas tres cosas para explicarnos el significado del Reino de los Cielos y su importancia. (Mt. 13, 44- 52).
Son muchas las veces que Jesús nos habla en el Evangelio del “Reino de Dios”, del “Reino de los Cielos”. Y, además ¡cuántas veces hemos repetido esa frase del Padre Nuestro “venga a nosotros tu Reino”! Quiere decir, entonces, que es importante entender qué es el “Reino de los Cielos”. Veamos primero la última de las tres parábolas, la de la Red de pescar. Es una parábola escatológica, que se refiere a lo mismo que veíamos el Domingo pasado sobre el trigo y la cizaña; es decir, a que en esta vida convivimos buenos y malos, para luego, al final, quedar divididos: unos para la salvación eterna y otros para el Infierno. La “pesca” es un símbolo preferencial sobre lo que es la misión de la Iglesia, que es misión de todos los que formamos la Iglesia: pescar gente. Recordemos lo que Jesús le dijo a Pedro y a su hermano Andrés cuando, estando ellos echando sus redes en el Lago de Galilea los llamó para que lo siguieran, diciéndoles: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Mt. 4, 18-19). Y en esa pesca viene toda clase de gente: unos se van, otros se quedan, unos son muy pecadores, otros menos pecadores, unos se salvan unos se condenan. Esta parábola, entonces, también nos recuerda cómo es la Iglesia: santa porque su fundador es Santo y su misión es santificar a todos, pero también es pecadora, porque los que formamos parte de ella somos pecadores. Al final, cuando Jesús vuelva como Juez, separará a unos de otros, los buenos irán al Cielo y los malos serán “echados al horno ardiente, donde habrá llanto y desesperación”. En el caso de la Parábola del Tesoro escondido y la de la Perla fina, ambas plantean cuán valioso es el Reino de los Cielos si se compara con otras riquezas. En el primer caso, se trata de un tesoro que alguien encuentra y, “lleno de alegría, vende todo lo que tiene”, para poder comprar ese terreno. La segunda parábola cuenta que un comerciante de perlas finas encuentra “una perla muy valiosa” y, entonces, va y vende todo lo que tiene para comprarla. Como vemos, ambas comparaciones dadas por el Señor nos indican la superioridad que tiene el Reino de los Cielos frente a cualquier otra cosa, y nos hace ver la actitud que tiene quien lo llega a descubrir: se propone adquirirlo a cualquier costo, vende todo lo que tiene, para poder lograr tener lo que verdaderamente vale.
El Reino de los Cielos es, ciertamente, la presencia de Cristo en medio de nosotros y el anuncio de su mensaje de salvación. Pero la salvación que El nos vino a traer se completa en la eternidad cuando lleguemos a participar de la plenitud de la presencia de Dios en el Cielo. ¿Qué significa “vender todo”? Es otra forma de decir: “Amar a Dios sobre todas las cosas”. San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura de Romanos (Rom. 8,28-30) la salvación a que hemos sido llamados. El designio salvador de Dios consiste en que reproduzcamos en nosotros la imagen de Cristo Jesús. El Reino se construye con Cristo y es el mismo Cristo en nosotros. “Busquen primero el Reino de Dios y lo demás les vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33) La añadidura es obra de Dios y parte del Reino que está en la historia y estará en la eternidad.
La Primera Lectura del Primer Libro de los Reyes (1 Re 3.5.7-12) nos trae un personaje que entendió esto y pudo vivir lo que significa esto de lo primero y la añadidura. Se trata Salomón que le pidió a Dios sabiduría para gobernar a Israel. Y resulta muy interesante ver que cuando Dios le dice a Salomón que le pida lo que quiere, Salomón no le pide la “añadidura”, sino que le pide “sabiduría de corazón, para poder distinguir entre el bien y el mal”, y así poder cumplir con la misión que Dios le había encomendado, que era gobernar al pueblo de Israel. Nos dice la Escritura que “al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido esto y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos”. Y por eso le otorgó no sólo lo que le pidió, sino que también le dio la añadidura: “Te voy a conceder”, Dios le dijo, “lo que me has pedido y también lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza que no habrá rey que se pueda comparar contigo”. Y así fue. Necesitamos la añadidura, pero primero está el Reino de Dios y su Justicia. Siempre se dará la añadidura, porque también la necesitamos.
DOMINGO 17 del Tiempo Ordinario - Ciclo "A" - 24 de Julio de 2011 - Hoy el Evangelio de San Mateo nuevamente nos trae tres parábolas: la del Tesoro escondido, la de la Perla fina y la de la Red de pescar. Y Jesús usa esas tres cosas para explicarnos el significado del Reino de los Cielos y su importancia. (Mt. 13, 44- 52).
Son muchas las veces que Jesús nos habla en el Evangelio del “Reino de Dios”, del “Reino de los Cielos”. Y, además ¡cuántas veces hemos repetido esa frase del Padre Nuestro “venga a nosotros tu Reino”! Quiere decir, entonces, que es importante entender qué es el “Reino de los Cielos”. Veamos primero la última de las tres parábolas, la de la Red de pescar. Es una parábola escatológica, que se refiere a lo mismo que veíamos el Domingo pasado sobre el trigo y la cizaña; es decir, a que en esta vida convivimos buenos y malos, para luego, al final, quedar divididos: unos para la salvación eterna y otros para el Infierno. La “pesca” es un símbolo preferencial sobre lo que es la misión de la Iglesia, que es misión de todos los que formamos la Iglesia: pescar gente. Recordemos lo que Jesús le dijo a Pedro y a su hermano Andrés cuando, estando ellos echando sus redes en el Lago de Galilea los llamó para que lo siguieran, diciéndoles: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Mt. 4, 18-19). Y en esa pesca viene toda clase de gente: unos se van, otros se quedan, unos son muy pecadores, otros menos pecadores, unos se salvan unos se condenan. Esta parábola, entonces, también nos recuerda cómo es la Iglesia: santa porque su fundador es Santo y su misión es santificar a todos, pero también es pecadora, porque los que formamos parte de ella somos pecadores. Al final, cuando Jesús vuelva como Juez, separará a unos de otros, los buenos irán al Cielo y los malos serán “echados al horno ardiente, donde habrá llanto y desesperación”. En el caso de la Parábola del Tesoro escondido y la de la Perla fina, ambas plantean cuán valioso es el Reino de los Cielos si se compara con otras riquezas. En el primer caso, se trata de un tesoro que alguien encuentra y, “lleno de alegría, vende todo lo que tiene”, para poder comprar ese terreno. La segunda parábola cuenta que un comerciante de perlas finas encuentra “una perla muy valiosa” y, entonces, va y vende todo lo que tiene para comprarla. Como vemos, ambas comparaciones dadas por el Señor nos indican la superioridad que tiene el Reino de los Cielos frente a cualquier otra cosa, y nos hace ver la actitud que tiene quien lo llega a descubrir: se propone adquirirlo a cualquier costo, vende todo lo que tiene, para poder lograr tener lo que verdaderamente vale.
El Reino de los Cielos es, ciertamente, la presencia de Cristo en medio de nosotros y el anuncio de su mensaje de salvación. Pero la salvación que El nos vino a traer se completa en la eternidad cuando lleguemos a participar de la plenitud de la presencia de Dios en el Cielo. ¿Qué significa “vender todo”? Es otra forma de decir: “Amar a Dios sobre todas las cosas”. San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura de Romanos (Rom. 8,28-30) la salvación a que hemos sido llamados. El designio salvador de Dios consiste en que reproduzcamos en nosotros la imagen de Cristo Jesús. El Reino se construye con Cristo y es el mismo Cristo en nosotros. “Busquen primero el Reino de Dios y lo demás les vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33) La añadidura es obra de Dios y parte del Reino que está en la historia y estará en la eternidad.
La Primera Lectura del Primer Libro de los Reyes (1 Re 3.5.7-12) nos trae un personaje que entendió esto y pudo vivir lo que significa esto de lo primero y la añadidura. Se trata Salomón que le pidió a Dios sabiduría para gobernar a Israel. Y resulta muy interesante ver que cuando Dios le dice a Salomón que le pida lo que quiere, Salomón no le pide la “añadidura”, sino que le pide “sabiduría de corazón, para poder distinguir entre el bien y el mal”, y así poder cumplir con la misión que Dios le había encomendado, que era gobernar al pueblo de Israel. Nos dice la Escritura que “al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido esto y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos”. Y por eso le otorgó no sólo lo que le pidió, sino que también le dio la añadidura: “Te voy a conceder”, Dios le dijo, “lo que me has pedido y también lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza que no habrá rey que se pueda comparar contigo”. Y así fue. Necesitamos la añadidura, pero primero está el Reino de Dios y su Justicia. Siempre se dará la añadidura, porque también la necesitamos.
viernes, 24 de junio de 2011
LA EUCARISTÍA, TRANSFORMA LA HISTORIA DE CADA CREYENTE Y DE LA HUMANIDAD.
Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo - Ciclo "A" - domingo 26 de junio de 2011 - Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la hostia consagrada, en todos los sagrarios del mundo. Es decir permanece en la historia que se hace salvación. Y allí, en el sagrario, está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento de nuestra vida integral. Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.
La Eucaristía es el Regalo más grande que Jesús nos ha dejado, pues es el Regalo de su Presencia viva entre los hombres. Al estar presente en la Eucaristía, Jesucristo ha realizado el milagro de irse y de quedarse. Es tan real la presencia de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero en la Eucaristía, que cuando recibimos la hostia consagrada no recibimos un mero símbolo, o un simple trozo de pan bendito, o nada más la hostia consagrada -como podría parecer- sino que es Jesucristo mismo penetrando todo nuestro ser: Su Humanidad y Su Divinidad entran a nuestra humanidad -cuerpo, alma y espíritu- para dar a nuestra vida, Su Vida, para dar a nuestra oscuridad, Su Luz. Esto no se queda en nuestra intimidad, es la fuente de nuestra construcción histórica, de nuestro amor al Otro que vive con nosotros.
Nuestro ser terreno necesita de ese alimento espiritual que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así como necesitamos del alimento material para nutrir nuestra vida corporal, así nuestra vida espiritual requiere de la Sagrada Comunión para renovar, conservar y hacer crecer la Gracia que recibimos en el Bautismo, gracia que es la semilla de nuestra vida integral. “Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn.6, 56.) Es así como, recibiendo a Jesucristo en la Eucaristía, dice el Señor a Santa Catalina de Siena, “... el alma está en Mí y Yo en ella. Como el pez que está en el mar y el mar en el pez, así estoy Yo en el alma y ella en Mí, Mar de Paz...” (cf. “El Diálogo”). El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de Amor, pues la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada es muestra del infinito Amor de Dios por nosotros, Sus criaturas, pues en la Eucaristía se hace presente nuevamente el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, Su entrega de Amor por nosotros los hombres. Toda la creación es tocada por este misterio de Dios.
Recordemos que Dios Padre nos entregó a su Hijo para pagar nuestro rescate, para redimirnos. Y esa entrega del Hijo de Dios por nosotros los hombres, se renueva en cada Eucaristía. Es así como, al recibir a Jesucristo, todo Dios y todo Hombre en la Sagrada Comunión, recibimos Su Amor, y en virtud de esto somos templos del Amor Divino y testigos de ese Amor, para compartirlo con los demás y prodigarlo a todos. Pero para que se realice en nosotros y a través nuestro el contenido del Misterio Eucarístico es necesario recibir el Sacramento del Cuerpo de Cristo en estado de gracia. La gracia es un regalo sobrenatural dado por Dios para ayudarnos en el camino que nos lleva al Cielo. Este camino pasa por la historia, no se queda oculto en un intimismo alienante y anti-temporal.
“La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida”. Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro “yo” el principio que guíe nuestra existencia comunitaria. El sacrificio de Cristo en la Cruz siempre está presente ante el Padre Celestial, porque Dios vive en un eterno presente. Entonces el sacrificio de Cristo en la Cruz, que la Trinidad vive de manera perenne, se nos hace presente en nuestro tiempo y lugar, cada vez que estamos en Misa y la vivimos en el mundo. En realidad hay una sola Liturgia Eucarística eterna, hay una sola Misa, y ésta tiene lugar en el Cielo y en la Tierra de manera continua… todo el tiempo. Cristo nos lleva a la presencia del Padre, caminando con nosotros, encarnado en nuestra humanidad, para que nuestra historia se encuentre con la eternidad (cf. Hb. 10, 19-21). No estamos solamente asistiendo a Misa, estamos unidos con Cielo y tierra celebrando esa única Liturgia eterna. La Comunión no consiste solamente en que recibimos la Hostia Consagrada, sino en que recibimos ¡una Persona! ¡Que es Dios! Y esa Persona-Dios quiere unirse íntimamente con quien lo recibe. Recibir la Comunión significa entrar en unión. No significa nada más que Jesús viene a nosotros: implica una relación de unión. Por tanto, ese deseo de Cristo unirse a nosotros requiere nuestra respuesta: debemos darnos a Él como El se da a nosotros. Y nos damos a Cristo, cuando nos damos a los demás. Sin un amor efectivo al Otro, no hay autenticidad cristiana, sino otra alienación más.
Uno de los Padres de la Iglesia, San Cirilo de Jerusalén, nos regala una imagen eucarística que puede ayudarnos a apreciar y tomar conciencia de lo que significa Comunión: si vertimos cera derretida sobre cera derretida, una inter-penetra a la otra de manera perfecta. Se parece a la unión de Cristo con nosotros y de nosotros en Cristo cuando comulgamos. Un fruto de esta comunión es una convivencia fraternal. La construcción de una “Poli Cristiana”, donde la política es un servicio, un acto de amor, es el camino de la Eucaristía que nutre la vida civil del cristiano. Porque un “cristianismo individualista” es una superstición más.
La Eucaristía es el Regalo más grande que Jesús nos ha dejado, pues es el Regalo de su Presencia viva entre los hombres. Al estar presente en la Eucaristía, Jesucristo ha realizado el milagro de irse y de quedarse. Es tan real la presencia de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero en la Eucaristía, que cuando recibimos la hostia consagrada no recibimos un mero símbolo, o un simple trozo de pan bendito, o nada más la hostia consagrada -como podría parecer- sino que es Jesucristo mismo penetrando todo nuestro ser: Su Humanidad y Su Divinidad entran a nuestra humanidad -cuerpo, alma y espíritu- para dar a nuestra vida, Su Vida, para dar a nuestra oscuridad, Su Luz. Esto no se queda en nuestra intimidad, es la fuente de nuestra construcción histórica, de nuestro amor al Otro que vive con nosotros.
Nuestro ser terreno necesita de ese alimento espiritual que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Así como necesitamos del alimento material para nutrir nuestra vida corporal, así nuestra vida espiritual requiere de la Sagrada Comunión para renovar, conservar y hacer crecer la Gracia que recibimos en el Bautismo, gracia que es la semilla de nuestra vida integral. “Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en él” (Jn.6, 56.) Es así como, recibiendo a Jesucristo en la Eucaristía, dice el Señor a Santa Catalina de Siena, “... el alma está en Mí y Yo en ella. Como el pez que está en el mar y el mar en el pez, así estoy Yo en el alma y ella en Mí, Mar de Paz...” (cf. “El Diálogo”). El misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un misterio de Amor, pues la presencia viva de Jesucristo en la hostia consagrada es muestra del infinito Amor de Dios por nosotros, Sus criaturas, pues en la Eucaristía se hace presente nuevamente el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, Su entrega de Amor por nosotros los hombres. Toda la creación es tocada por este misterio de Dios.
Recordemos que Dios Padre nos entregó a su Hijo para pagar nuestro rescate, para redimirnos. Y esa entrega del Hijo de Dios por nosotros los hombres, se renueva en cada Eucaristía. Es así como, al recibir a Jesucristo, todo Dios y todo Hombre en la Sagrada Comunión, recibimos Su Amor, y en virtud de esto somos templos del Amor Divino y testigos de ese Amor, para compartirlo con los demás y prodigarlo a todos. Pero para que se realice en nosotros y a través nuestro el contenido del Misterio Eucarístico es necesario recibir el Sacramento del Cuerpo de Cristo en estado de gracia. La gracia es un regalo sobrenatural dado por Dios para ayudarnos en el camino que nos lleva al Cielo. Este camino pasa por la historia, no se queda oculto en un intimismo alienante y anti-temporal.
“La gracia de esta comunión, Señor, penetre en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, para que sea su fuerza, no nuestro sentimiento, lo que mueva nuestra vida”. Siendo así, nuestra vida humana podrá entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro “yo” el principio que guíe nuestra existencia comunitaria. El sacrificio de Cristo en la Cruz siempre está presente ante el Padre Celestial, porque Dios vive en un eterno presente. Entonces el sacrificio de Cristo en la Cruz, que la Trinidad vive de manera perenne, se nos hace presente en nuestro tiempo y lugar, cada vez que estamos en Misa y la vivimos en el mundo. En realidad hay una sola Liturgia Eucarística eterna, hay una sola Misa, y ésta tiene lugar en el Cielo y en la Tierra de manera continua… todo el tiempo. Cristo nos lleva a la presencia del Padre, caminando con nosotros, encarnado en nuestra humanidad, para que nuestra historia se encuentre con la eternidad (cf. Hb. 10, 19-21). No estamos solamente asistiendo a Misa, estamos unidos con Cielo y tierra celebrando esa única Liturgia eterna. La Comunión no consiste solamente en que recibimos la Hostia Consagrada, sino en que recibimos ¡una Persona! ¡Que es Dios! Y esa Persona-Dios quiere unirse íntimamente con quien lo recibe. Recibir la Comunión significa entrar en unión. No significa nada más que Jesús viene a nosotros: implica una relación de unión. Por tanto, ese deseo de Cristo unirse a nosotros requiere nuestra respuesta: debemos darnos a Él como El se da a nosotros. Y nos damos a Cristo, cuando nos damos a los demás. Sin un amor efectivo al Otro, no hay autenticidad cristiana, sino otra alienación más.
Uno de los Padres de la Iglesia, San Cirilo de Jerusalén, nos regala una imagen eucarística que puede ayudarnos a apreciar y tomar conciencia de lo que significa Comunión: si vertimos cera derretida sobre cera derretida, una inter-penetra a la otra de manera perfecta. Se parece a la unión de Cristo con nosotros y de nosotros en Cristo cuando comulgamos. Un fruto de esta comunión es una convivencia fraternal. La construcción de una “Poli Cristiana”, donde la política es un servicio, un acto de amor, es el camino de la Eucaristía que nutre la vida civil del cristiano. Porque un “cristianismo individualista” es una superstición más.
jueves, 9 de junio de 2011
CARTA ABIERTA AL PADRE: PLÁCIDO SOTO QUIROZ, Sacerdote de la Diócesis de Linares.
Padre Plácido, es muy dolorosa su situación. Lo mismo, es muy grave el daño que sufren las víctimas de abusos sexuales. No tengo ninguna seguridad sobre la realidad de este supuesto delito que se le atribuye. Me pongo en el lugar de la persona denunciante y sin ´poder tener un juicio sobre su denuncia, espero que se establezca la verdad. Pero, no le escribo tan solo ´por esto. Usted me entregó, hace más de un año, una terrible información sobre un sacerdote muy conocido en la Diócesis de Linares. No puedo hacer nada con esos datos. Porque no soy testigo ni víctima y en consecuencia se reducen a rumores que no sirven para ser presentados a un tribunal eclesiástico o civil. Según usted hay un sacerdote homosexual activo, pedófilo y muy hipócrita en una parroquia rural de Linares. Por meses no pude ir a la misa que celebraba este Párroco. Escuchaba los comentarios de personas que lo calificaban muy en concordancia con sus datos. Pero, no tenía nada concreto. Consulté con un abogado y me confirmó que no podía hacer nada. Compartí este “verdadero peso de mi conciencia” con muchos sacerdotes y me sorprendió saber que esto se sabía, que era un secreto a voces. Muy molesto regresé a misa y recibí de este sacerdote la “sagrada forma eucarística”. Pero, pedirle a un fiel católico que siga viendo a Cristo en un sacerdote con esta fama, podrá ser teológicamente correcto, pero es una manera propia de un sistema verticalista que es muy duro con los laicos que cometen errores y demasiado indulgente con los abusos del clero. Esto lo demuestra irrefutablemente la historia. No se puede generalizar, pero no son pocos los casos.
Padre Plácido, usted me respondió, cuando le pregunté porque me entregaba esta información tan asquerosa, que los laicos tenían que salvar la Iglesia. Le hice ver que yo no podía hacer nada y le pregunté por qué no acudía al Obispo con esta información. Me dio algunas razones que me parecen “terribles” por decir algo.
Padre Plácido, llegó el momento de denunciar a este Párroco. Usted lo puede y lo debe hacer. Si usted pasó por una etapa de tinieblas y conoció este fondo de perversión que hace tanto daño a la Iglesia y a personas que quedan marcadas tan profundamente, necesitamos ver el otro lado de este drama que está golpeando a la Iglesia: desde este abismo puede emerger un acto de justicia, una cierta reparación, sin desconocer la gravedad. Cristo asumió la pedofilia en su cruz de muerte, asumió todos los pecados del mundo para hacer posible una restauración, una redención que en definitiva es el triunfo de su obra salvadora. Nunca se podrán justificar las aberraciones de un pedófilo, de un violador o abusador, pero el perdón de Dios tiene una trascendencia que supera los criterios humanos. Será muy difícil, tal vez casi imposible o tal vez no, que personas comunes crean es un cambio en sacerdotes que cometen este tipo de delitos. Pero, es otro camino de la cruz. La Iglesia parece que está aprendiendo que el secretismo, el fuero eclesiástico y otros privilegios, no son útiles en estos tiempos para practicar la justicia y la caridad entre los hombres y mujeres siempre necesitados de Dios. Necesitamos una Iglesia con millones de laicos organizados que vivan una fe adulta, que sin reemplazar la Jerarquía por una democracia, haga posible una fraternidad que sea un modelo de vida frente al consumismo del placer del mercado globalizado. Padre Plácido, hay una hora de las Tinieblas, pero también hay una hora de YAHVÉH.
Padre Plácido, usted me respondió, cuando le pregunté porque me entregaba esta información tan asquerosa, que los laicos tenían que salvar la Iglesia. Le hice ver que yo no podía hacer nada y le pregunté por qué no acudía al Obispo con esta información. Me dio algunas razones que me parecen “terribles” por decir algo.
Padre Plácido, llegó el momento de denunciar a este Párroco. Usted lo puede y lo debe hacer. Si usted pasó por una etapa de tinieblas y conoció este fondo de perversión que hace tanto daño a la Iglesia y a personas que quedan marcadas tan profundamente, necesitamos ver el otro lado de este drama que está golpeando a la Iglesia: desde este abismo puede emerger un acto de justicia, una cierta reparación, sin desconocer la gravedad. Cristo asumió la pedofilia en su cruz de muerte, asumió todos los pecados del mundo para hacer posible una restauración, una redención que en definitiva es el triunfo de su obra salvadora. Nunca se podrán justificar las aberraciones de un pedófilo, de un violador o abusador, pero el perdón de Dios tiene una trascendencia que supera los criterios humanos. Será muy difícil, tal vez casi imposible o tal vez no, que personas comunes crean es un cambio en sacerdotes que cometen este tipo de delitos. Pero, es otro camino de la cruz. La Iglesia parece que está aprendiendo que el secretismo, el fuero eclesiástico y otros privilegios, no son útiles en estos tiempos para practicar la justicia y la caridad entre los hombres y mujeres siempre necesitados de Dios. Necesitamos una Iglesia con millones de laicos organizados que vivan una fe adulta, que sin reemplazar la Jerarquía por una democracia, haga posible una fraternidad que sea un modelo de vida frente al consumismo del placer del mercado globalizado. Padre Plácido, hay una hora de las Tinieblas, pero también hay una hora de YAHVÉH.
domingo, 22 de mayo de 2011
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Domingo 5 del Tiempo de Pascua- Ciclo "A". 22 de Mayo de 2011. En el Evangelio de hoy, nuestro Señor Jesucristo nos da la que tal vez sea la definición más completa y profunda que El hizo de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Y nos dejó esa definición la noche antes de su muerte, cuando cenando con los Apóstoles, les daba sus últimos y quizás más importantes anuncios. Los Apóstoles, sin lograr entender mucho de lo que les decía, estaban evidentemente preocupados. Y el Señor los tranquilizaba diciéndoles: “En la Casa de Mi Padre hay muchas habitaciones... Me voy a prepararles un lugar... Volveré y los llevaré conmigo, para que donde Yo esté, también estén ustedes. Y ya saben el Camino para llegar al lugar donde Yo voy” (Jn. 14, 1-12).”
Tomás, el que le costaba creer, le replica: “Señor, si ni siquiera sabemos a dónde vas ¿cómo podemos saber el camino?”, a lo que Jesús le responde: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Efectivamente, Jesús iba a morir, resucitar y ascender al Cielo; es decir, se iba a la Casa del Padre. Y a ese sitio desea llevarnos a cada uno de nosotros, para que estemos donde El está. Y El no solamente nos muestra el Camino, sino que nos dice que El mismo es el Camino, cuestión un tanto complicada, que Jesús explica de inmediato: “Nadie va al Padre si no es por Mí”. Es el camino que hemos de recorrer durante esta vida terrena para llegar a la Vida Eterna, para llegar a la Casa del Padre, donde El está. Jesús mismo es el Camino. ¿Qué significa este detalle? Significa que en todo debemos imitarlo a Él. Significa que ese Camino pasa por El. Por eso debemos preguntarnos qué hizo El. Sabemos que durante su vida en la tierra El hizo sólo la Voluntad del Padre. Y, en esencia, ése es el Camino: seguir sólo la Voluntad del Padre. Ese fue el Camino de Jesucristo. Ese es nuestro Camino. Vista la vida de Cristo, podríamos respondernos algunas preguntas sobre este recorrido: es un Camino encumbrado, pues vamos en ascenso hacia el Cielo. Sobre si es ancho o angosto, Jesús ya lo había descrito con anterioridad: “Ancho es el camino que conduce a la perdición y muchos entran por ahí; estrecho es el camino que conduce a la salvación, y son pocos los que dan con él” (Mt. 7, 13-14). ¿Fácil o difícil? Por más difícil que sea, todo resulta fácil si nos entregamos a Dios y a que sea Él quien haga en nosotros. Así que ningún recorrido, por más difícil que parezca, realmente lo es, si lo hacemos en y con Dios. Carga llevamos. Ya lo había dicho el Señor: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga” (Lc. 9, 23). No vamos solos. No solamente vamos acompañados de todos aquéllos que buscan hacer la Voluntad del Padre, sino que Jesucristo mismo nos acompaña y nos guía en el Camino, y -como si fuera poco- nos ayuda a llevar nuestra carga.
En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hech. 6, 1-7) se nos relata la institución de los primeros Ministerios en la Iglesia. Hemos leído cómo los Apóstoles decidieron delegar en “siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”, para que les ayudaran en el servicio a las comunidades cristianas que se iban formando, de manera que ellos pudieran dedicarse mejor “a la oración y al servicio de la palabra”. Y respecto de esos “Ministerios” o funciones de servicio dentro de la Iglesia, el Concilio Vaticano II nos indica que, no sólo los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas tienen funciones, sino que también los Laicos pueden y deben realizar funciones de servicio en la Iglesia. Y este derecho le viene a los Laicos del simple hecho de ser bautizados, pues el Sacramento del Bautismo los hace “participar en el Sacerdocio regio de Cristo” (LG 26). Y el Concilio basa esa solemne declaración en la Segunda Lectura que hemos leído hoy, tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pedro (1 Pe. 2, 4-9). En efecto, en su Documento sobre el Apostolado Seglar (AA 3) el Concilio explica lo que significa hoy para nosotros esta Segunda Lectura: 1. El Apostolado y el servicio de los Seglares dentro de la Iglesia es un derecho y es un deber. 2. Por el Bautismo los Laicos forman parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y por la Confirmación son fortalecidos por el Espíritu Santo y enviados por el Señor a realizar la Evangelización, así como a ejercer funciones de servicio dentro de la misma Iglesia. También, siguiendo lo que nos dice San Pedro en esta Carta: Cristo es la piedra fundamental -la piedra angular. Pero todos nosotros, Sacerdotes y Laicos, “somos piedras vivas, que vamos entrando a formar parte en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo”. Por eso el Concilio, basándose en esta Carta, declara que los Laicos “son consagrados como sacerdocio real y nación santa”. “Los ojos del Señor -como hemos repetido en el Salmo (32)- “están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia”, cuida de cada uno de nosotros.
Domingo 5 del Tiempo de Pascua- Ciclo "A". 22 de Mayo de 2011. En el Evangelio de hoy, nuestro Señor Jesucristo nos da la que tal vez sea la definición más completa y profunda que El hizo de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Y nos dejó esa definición la noche antes de su muerte, cuando cenando con los Apóstoles, les daba sus últimos y quizás más importantes anuncios. Los Apóstoles, sin lograr entender mucho de lo que les decía, estaban evidentemente preocupados. Y el Señor los tranquilizaba diciéndoles: “En la Casa de Mi Padre hay muchas habitaciones... Me voy a prepararles un lugar... Volveré y los llevaré conmigo, para que donde Yo esté, también estén ustedes. Y ya saben el Camino para llegar al lugar donde Yo voy” (Jn. 14, 1-12).”
Tomás, el que le costaba creer, le replica: “Señor, si ni siquiera sabemos a dónde vas ¿cómo podemos saber el camino?”, a lo que Jesús le responde: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Efectivamente, Jesús iba a morir, resucitar y ascender al Cielo; es decir, se iba a la Casa del Padre. Y a ese sitio desea llevarnos a cada uno de nosotros, para que estemos donde El está. Y El no solamente nos muestra el Camino, sino que nos dice que El mismo es el Camino, cuestión un tanto complicada, que Jesús explica de inmediato: “Nadie va al Padre si no es por Mí”. Es el camino que hemos de recorrer durante esta vida terrena para llegar a la Vida Eterna, para llegar a la Casa del Padre, donde El está. Jesús mismo es el Camino. ¿Qué significa este detalle? Significa que en todo debemos imitarlo a Él. Significa que ese Camino pasa por El. Por eso debemos preguntarnos qué hizo El. Sabemos que durante su vida en la tierra El hizo sólo la Voluntad del Padre. Y, en esencia, ése es el Camino: seguir sólo la Voluntad del Padre. Ese fue el Camino de Jesucristo. Ese es nuestro Camino. Vista la vida de Cristo, podríamos respondernos algunas preguntas sobre este recorrido: es un Camino encumbrado, pues vamos en ascenso hacia el Cielo. Sobre si es ancho o angosto, Jesús ya lo había descrito con anterioridad: “Ancho es el camino que conduce a la perdición y muchos entran por ahí; estrecho es el camino que conduce a la salvación, y son pocos los que dan con él” (Mt. 7, 13-14). ¿Fácil o difícil? Por más difícil que sea, todo resulta fácil si nos entregamos a Dios y a que sea Él quien haga en nosotros. Así que ningún recorrido, por más difícil que parezca, realmente lo es, si lo hacemos en y con Dios. Carga llevamos. Ya lo había dicho el Señor: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga” (Lc. 9, 23). No vamos solos. No solamente vamos acompañados de todos aquéllos que buscan hacer la Voluntad del Padre, sino que Jesucristo mismo nos acompaña y nos guía en el Camino, y -como si fuera poco- nos ayuda a llevar nuestra carga.
En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hech. 6, 1-7) se nos relata la institución de los primeros Ministerios en la Iglesia. Hemos leído cómo los Apóstoles decidieron delegar en “siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”, para que les ayudaran en el servicio a las comunidades cristianas que se iban formando, de manera que ellos pudieran dedicarse mejor “a la oración y al servicio de la palabra”. Y respecto de esos “Ministerios” o funciones de servicio dentro de la Iglesia, el Concilio Vaticano II nos indica que, no sólo los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas tienen funciones, sino que también los Laicos pueden y deben realizar funciones de servicio en la Iglesia. Y este derecho le viene a los Laicos del simple hecho de ser bautizados, pues el Sacramento del Bautismo los hace “participar en el Sacerdocio regio de Cristo” (LG 26). Y el Concilio basa esa solemne declaración en la Segunda Lectura que hemos leído hoy, tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pedro (1 Pe. 2, 4-9). En efecto, en su Documento sobre el Apostolado Seglar (AA 3) el Concilio explica lo que significa hoy para nosotros esta Segunda Lectura: 1. El Apostolado y el servicio de los Seglares dentro de la Iglesia es un derecho y es un deber. 2. Por el Bautismo los Laicos forman parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y por la Confirmación son fortalecidos por el Espíritu Santo y enviados por el Señor a realizar la Evangelización, así como a ejercer funciones de servicio dentro de la misma Iglesia. También, siguiendo lo que nos dice San Pedro en esta Carta: Cristo es la piedra fundamental -la piedra angular. Pero todos nosotros, Sacerdotes y Laicos, “somos piedras vivas, que vamos entrando a formar parte en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo”. Por eso el Concilio, basándose en esta Carta, declara que los Laicos “son consagrados como sacerdocio real y nación santa”. “Los ojos del Señor -como hemos repetido en el Salmo (32)- “están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia”, cuida de cada uno de nosotros.
domingo, 15 de mayo de 2011
NECESIDAD DE UN GRAN DEBATE NACIONAL SOBRE EDUCACIÓN.
NECESIDAD DE UN GRAN DEBATE NACIONAL SOBRE EDUCACIÓN.
La CONFECH dio a conocer un documento sobre la crisis de la educación en chile. Hemos leído con interés su contenido. Pensamos que el debate público está empezando. Por el momento queremos opinar sobre estos tres puntos.
“El Estado debe hacerse cargo de la educación de todos los ciudadanos, independiente de la clase social a la que pertenezcan. Debe hacerlo pensando en nuevos paradigmas de calidad y con una visión de largo plazo respecto a cuál es la sociedad que se quiere construir y qué tipo de profesionales, intelectuales y técnicos necesita formar para aquello. En este sentido, reafirmamos nuestro compromiso en la profundización democrática de nuestro proyecto de desarrollo al servicio de la persona, del bien común y del país, en donde la educación juega un rol fundamental”. Para nosotros los que no queremos pasar de una “dictadura del consumo” a otra forma de opresión fundada en una ideología excluyente, nos interesa que se respeten siempre las autonomías de los cuerpos intermedios. El lugar central de la familia en la educación, la libertad de educación, el fomento de una cultura del diálogo público, que no existe, porque se ataca al que piensa distinto y hay mucha violencia que siempre se quiere justificar, etc. están presente en nuestra visión humanista cristiana como propuesta y orientación concreta.
“3. La educación debe estar sustentada bajo los principios de autonomía, como forma de preservarla de todo interés particular, ya sea de carácter político partidario, religioso y económico. Para garantizar la autonomía, la educación pública debe contar con una organización interna capaz de auto determinarse en las esferas administrativas, de gobierno, técnico-docente y financiera. Para esto requiere de instancias democráticas como forma de garantizar el derecho a la participación, la libertad de asociación, pero también el empoderamiento de la comunidad universitaria en la definición de políticas educativas con independencia del gobierno de turno”. ¿Quieren privatizar lo religioso y alejarlo de una educación pública? no parece, pero hoy lo público como foro no existe. Como Foro, entendemos un espacio de participación de la diversidad, con respeto y tolerancia.
“4. La educación pública debe ser pluralista y laica. El libre y público acceso a las fuentes de información y conocimiento permite el tratamiento integral y crítico de los temas, con diversidad de opiniones, visiones y disciplinas. La generación y transmisión del conocimiento en las instituciones públicas debe oponerse a cualquier dogmatismo y práctica adoctrinante”. Para grupos muy activos e intolerantes, educación laica significa, acorralar lo religioso. Preferimos hablar de educación pluralista.
¿Qué puede quedar de las actuales protestas estudiantiles? Primero, definir con más claridad, conceptos como educación laica, pública y lo que se considera como dogmatismo en la educación...Segundo, potenciar líderes humanistas cristianos...un comunista, o marxista con una visión estatista nunca podrá representar una concepción católica de la educación ...Tercero, no creemos que se consiga llegar a controlar el Estado para hacer una reforma educacional libre del mercado y todo el tema del lucro...creemos que nada radical se logrará...no hay unidad ni un pluralismo maduro...el Estado Democrático es el pueblo organizado, pero no existe ese estado en chile..Sin embargo, hay que valorar lo que tenemos, para avanzar democráticamente. Cuarto, hay un modelo empresarial global que lo está abarcando todo...es una ideología que ha matado los ideales políticos...¿qué alternativa podemos gestionar frente a este poder mundial?...¿descalificar a todo el mundo con la boca y destruyendo los bienes de humildes ciudadanos?...Quinto, la agitación hay que hacerla, pero falta crear mayores confianzas...Sexto, en la educación, la familia es clave para nosotros los humanistas cristianos, más que el Estado...el Estado debe regular dentro de un marco pluralista...Séptimo, los padres y apoderados necesitan de una libertad de educación real...hay que organizarlos y potenciarlos...constituyen o deben constituir un gremialismo de la educación no-formal...deben evitar toda forma de imposición estatal, manipulada ideológicamente y tener una posición crítica y política frente a los intereses del Mercado…Es un campo de creación política que se debe construir democráticamente.
La CONFECH dio a conocer un documento sobre la crisis de la educación en chile. Hemos leído con interés su contenido. Pensamos que el debate público está empezando. Por el momento queremos opinar sobre estos tres puntos.
“El Estado debe hacerse cargo de la educación de todos los ciudadanos, independiente de la clase social a la que pertenezcan. Debe hacerlo pensando en nuevos paradigmas de calidad y con una visión de largo plazo respecto a cuál es la sociedad que se quiere construir y qué tipo de profesionales, intelectuales y técnicos necesita formar para aquello. En este sentido, reafirmamos nuestro compromiso en la profundización democrática de nuestro proyecto de desarrollo al servicio de la persona, del bien común y del país, en donde la educación juega un rol fundamental”. Para nosotros los que no queremos pasar de una “dictadura del consumo” a otra forma de opresión fundada en una ideología excluyente, nos interesa que se respeten siempre las autonomías de los cuerpos intermedios. El lugar central de la familia en la educación, la libertad de educación, el fomento de una cultura del diálogo público, que no existe, porque se ataca al que piensa distinto y hay mucha violencia que siempre se quiere justificar, etc. están presente en nuestra visión humanista cristiana como propuesta y orientación concreta.
“3. La educación debe estar sustentada bajo los principios de autonomía, como forma de preservarla de todo interés particular, ya sea de carácter político partidario, religioso y económico. Para garantizar la autonomía, la educación pública debe contar con una organización interna capaz de auto determinarse en las esferas administrativas, de gobierno, técnico-docente y financiera. Para esto requiere de instancias democráticas como forma de garantizar el derecho a la participación, la libertad de asociación, pero también el empoderamiento de la comunidad universitaria en la definición de políticas educativas con independencia del gobierno de turno”. ¿Quieren privatizar lo religioso y alejarlo de una educación pública? no parece, pero hoy lo público como foro no existe. Como Foro, entendemos un espacio de participación de la diversidad, con respeto y tolerancia.
“4. La educación pública debe ser pluralista y laica. El libre y público acceso a las fuentes de información y conocimiento permite el tratamiento integral y crítico de los temas, con diversidad de opiniones, visiones y disciplinas. La generación y transmisión del conocimiento en las instituciones públicas debe oponerse a cualquier dogmatismo y práctica adoctrinante”. Para grupos muy activos e intolerantes, educación laica significa, acorralar lo religioso. Preferimos hablar de educación pluralista.
¿Qué puede quedar de las actuales protestas estudiantiles? Primero, definir con más claridad, conceptos como educación laica, pública y lo que se considera como dogmatismo en la educación...Segundo, potenciar líderes humanistas cristianos...un comunista, o marxista con una visión estatista nunca podrá representar una concepción católica de la educación ...Tercero, no creemos que se consiga llegar a controlar el Estado para hacer una reforma educacional libre del mercado y todo el tema del lucro...creemos que nada radical se logrará...no hay unidad ni un pluralismo maduro...el Estado Democrático es el pueblo organizado, pero no existe ese estado en chile..Sin embargo, hay que valorar lo que tenemos, para avanzar democráticamente. Cuarto, hay un modelo empresarial global que lo está abarcando todo...es una ideología que ha matado los ideales políticos...¿qué alternativa podemos gestionar frente a este poder mundial?...¿descalificar a todo el mundo con la boca y destruyendo los bienes de humildes ciudadanos?...Quinto, la agitación hay que hacerla, pero falta crear mayores confianzas...Sexto, en la educación, la familia es clave para nosotros los humanistas cristianos, más que el Estado...el Estado debe regular dentro de un marco pluralista...Séptimo, los padres y apoderados necesitan de una libertad de educación real...hay que organizarlos y potenciarlos...constituyen o deben constituir un gremialismo de la educación no-formal...deben evitar toda forma de imposición estatal, manipulada ideológicamente y tener una posición crítica y política frente a los intereses del Mercado…Es un campo de creación política que se debe construir democráticamente.
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